“Las mujeres mandan”, la visión periodística de la aprobación del voto femenino

“Las mujeres mandan”, la visión periodística de la aprobación del voto femenino

“Triunfa el voto femenino sin condiciones y desde ahora. En la Cámara se produce un revuelo enorme. Salen gritos de protesta y aplausos de las tribunas. La suerte está echada. La República española se ha lanzado a una prueba que ha hecho hasta el día retroceder a todas las democracias. Sólo el tiempo puede decir si es un acierto genial o un salto en las tinieblas”.

Se abre la sesión a las cuatro y veinte de la tarde, bajo la presidencia de Julián Besteiro. El diario El Imparcial describe la escena: en el banco azul los señores Alcalá Zamora, Azaña y Casares Quiroga. En los escaños y tribunas no hay gran animación este 30 de septiembre. Al menos, de momento.

Los debates que tuvieron lugar en el Salón de Sesiones del Congreso el 30 de septiembre y el 1 de octubre de 1931 fueron “acalorados” y complejos a la par que interesantes, intensos e históricos. Y no es para menos. Durante estos días de comienzos de otoño transcurrieron los debates parlamentarios y la posterior aprobación del artículo 36, el precepto constitucional que reconoció el derecho a voto de las mujeres y, por ende, el sufragio universal.

Pero ¿cómo recogió la prensa este hito histórico? Hoy, 90 años después, te lo contamos repasando los principales titulares de los diarios de la época.

 

“Hubo que escuchar a la mujer”

La prensa desmenuzó los diferentes puntos del debate de la sesión plenaria que se celebró el 30 de septiembre centrándose, especialmente, en las enmiendas y votos particulares que se discutieron ese jueves de 1931.

Ejemplo de ello fue la defensa de la enmienda del diputado Guerra del Río, que buscaba el apoyo parlamentario con un objetivo: alejar de la Constitución el voto femenino y llevarlo a la ley electoral “para, en caso de error, derogarla con otra ley”.

La modificación fue desechada. Pero, antes, señala El Heraldo de Madrid, “hubo que escuchar a la mujer, y habló Clara Campoamor”. Este diario reconocía el sentir de muchos de los diputados allí presentes: “la mujer tendría voto por precepto constitucional y sin ninguna suerte de prudentes limitaciones”.

No fue la única enmienda discutida en el Hemiciclo en torno al voto femenino. Durante la sesión de este jueves se debatió también la edad política de la mujer. Así, el señor Ayuso apoyaba que las mujeres pudiesen votar, pero a partir de los 45 años. Tampoco salió adelante.

 

 

El Heraldo de Madrid describía el curso que tomaba el debate: “en los pasillos los comentarios se pusieron al rojo”, a gritos de “pobre República”. Fue una diputada, Clara Campoamor, la principal opositora a la enmienda y quien llevó la voz cantante en el debate para lograr su principal objetivo: defender que el texto constitucional reconociese el voto femenino sin limitaciones y que se rechazasen las enmiendas que pretendían lo contrario.

Consiguió su objetivo. Así, tras el ‘no’ del Parlamento a las enmiendas que ponían límites al voto femenino, El Heraldo de Madrid preguntó a Campoamor si estaba contenta con el resultado: “naturalmente; pero no por feminista, sino por ciudadana. Creo que la República tiene que atraerse a la mujer, y para ello lo mejor es hacerla justicia y concederla el derecho al voto”.

El periodista continuó y preguntó por la preocupación de muchos, tanto de ciudadanos como de compañeros de escaño, que veían en el voto femenino el fin de la República: “¿usted no siente el temor de que el voto femenino dé al traste con la obra republicana, porque es en la mujer donde con fuerza atávica se dejan sentir las influencias ultrarreacionarias y clericales?”.

En tono serio, Clara Campoamor le replicó un “es que ustedes, los hombres, no son demócratas. Se acercan a la mujer con un afán exclusivamente tutelar. En el voto del hombre se ha dejado sentir siempre la coacción femenina y no habrá sido ésta tan perjudicial, cuando el resultado de las urnas lo estamos viendo. Para mí la mujer, de hecho, ya votaba, por la coacción sobre el hombre. Se trata ahora de que lo haga también de derecho”.

Otro de los grandes murmullos que resonaba ese 30 de septiembre en el Hemiciclo fue la ausencia, no total, de la diputada Victoria Kent. Su voz sonó al otro lado del teléfono, detalla El Heraldo de Madrid, para escuchar su justificación: “sentí no estar ayer en el Hemiciclo, porque hubiera intervenido. En estos momentos, y si se tratara de conceder el voto a las mujeres obreras, no vacilaría. Pero como no es sólo eso, y yo desconfío de que las mujeres de las clases media y alta sientan la República, mi voto es resueltamente adverso a la concesión.”

 

 

“Lucha de damas”

Son las cinco menos veinte del 1 de octubre de 1931. Comienza la sesión bajo la presidencia del señor Besteiro. En el banco azul, el jefe del Gobierno y los ministros de Justicia, Gobernación y Trabajo. En los escaños y tribunas el ambiente es de expectación ante la continuidad de las discusiones en torno al artículo 36.

Durante esta tarde y noche históricas, al culminar con la aprobación del voto femenino, se cruzó la dialéctica de Clara Campoamor y Victoria Kent. No era la primera vez, tal y como recogió la prensa de la época, pero sí el debate que pasaría a la historia.

El diario Ahora calificó de “espectáculo inédito” el cruce de perspectivas entre Campoamor y Kent, mientras que “los diputados varones se repantigaron más en cuanto se inició la pugna y asistieron a ella sin poder disimular una sonrisa de íntima satisfacción”. “No maligna, sino cordial o, si se quiere, pura y desinteresadamente regocijada. Les hacía gracia, no por nada: por la novedad”, detallaba ‘Ahora’.

Como árbitro, el señor Besteiro, “tan correcto y tan fino, lamentaba no haber sabido lo que iba a ocurrir. El arbitraje de un torneo así merecía chaqué cuanto menos”. La crónica de Ahora mencionaba también el resultado del partido: “En el match hubo una vencedora y una vencida. Era forzoso que ocurriera así”.

Por su parte, La Voz llevaba, precedido de un conciso y breve subtítulo “Las mujeres mandan”, a la parte central de una de sus páginas “El duelo de anoche entre doña Victoria Kent y doña Clara Campoamor”. Bajo este titular, una imagen de ambas parlamentarias con atuendo de esgrimistas.

 

 

Este diario subrayaba que por primera vez en la historia “se dio el caso de que dos parlamentarios femeninos hicieran uso de la palabra”. “Los que recordamos las tentativas estériles hechas por mujeres para ser equiparadas a los hombres en derechos políticos e incluso literarios – ejemplo, doña Emilia Pardo Bazán – nos creíamos transportados a otro mundo al ver a Victoria Kent y Clara Campoamor tratando asuntos de política de la mayor importancia. Ambas discutían – si puede llamarse discusión una controversia basada en idénticos puntos ideológicos – y la Cámara las escuchaba con interés verdadero”.

La Voz también recogió en sus líneas la defensa de Kent para votar en contra del voto femenino: “Victoria Kent es opuesta a que en los primeros años de la República se dé a las mujeres derecho a votar”. Y, subtituló, “y cree que sería prudente esperar todavía algunos años para concederlo”. Páginas después, este mismo diario describió bajo el título la ‘Soirée femenina’ cómo había transcurrido la tarde anterior y la discusión constitucional.

 

160 votos a favor, 121 en contra

El día 2 de octubre los diarios se hacían eco del gran paso hacia la igualdad. Se había aprobado el voto femenino:

“Por 160 votos contra 121, la Cámara acordó ayer que los ciudadanos de uno y otro sexo mayores de veintitrés años tendrán los mismos derechos electorales con arreglo a las leyes”. 

Así tituló La Voz, que, a su vez, describió cómo había transcurrido la sesión parlamentaria, cuáles eran las principales posturas y, entre estas, ‘La mujer que no’ y ‘La otra que sí’, haciendo referencia a los postulados de Kent y los de Campoamor, respectivamente, en relación con el sufragio femenino.

Cabe destacar, además, el editorial que este periódico llevó a primera página donde explicaba el por qué no debió concederse el voto a las mujeres y a los menores de veinticinco años. Entre las razones, “en el momento en que lo que se requiere es serenidad reflexiva y visión desapasionada de las cosas, es una imprudencia lanzar a la arena política elementos apasionados y extremistas (…) Dígase lo que se diga, la mujer española no está preparada para intervenir en la vida pública. La resolución de las Cortes nos lanza a una aventura, cuyas consecuencias son difíciles de prever”.

 

 

El diario Crisol narraba los discursos de Kent y Campoamor en sus ‘Charlas de las Cortes’. En concreto, su crónica describía a Kent como “valerosa”, “impávida contra el voto femenino”. “Sin pestañear se jugaba la popularidad entre sus sexos y quién sabe si la integridad de la piel”. “También la señorita Campoamor la replicó con un tono en que palpitaba la cólera; con un cierto desgarro – en el acento, no en las correctísimas palabras – muy de maja madrileña”.

“Votación emocionante. Se va a decidir una de las resoluciones más graves de la Constitución. Una vez más votan juntos los socialistas y la minoría reaccionaria, y esto es lo que señala la gravedad del problema y sus peligros”, continúa la crónica parlamentaria.

“Triunfa el voto femenino sin condiciones y desde ahora. En la Cámara se produce un revuelo enorme. Salen gritos de protesta y aplausos de las tribunas. La suerte está echada. La República española se ha lanzado a una prueba que ha hecho hasta el día retroceder a todas las democracias. Sólo el tiempo puede decir si es un acierto genial o un salto en las tinieblas”.

Las discusiones parlamentarias, la votación y los momentos posteriores también fueron narrados por El Sol, que tituló, en su edición del 2 de octubre, cómo “La Cámara concede a la mujer, con el voto, la plenitud de los derechos políticos”.

Por su parte, La Voz, en su columna ‘Reflejos’, describió la sesión histórica como la sesión de las damas: “Ayer invadió el Congreso una avanzadilla feminista que repartía hojitas pidiendo a los diputados el voto para ellas”. “Las tribunas fueron tomadas estratégicamente por las damas, que aplaudían entusiásticamente a su heroína, la señorita Campoamor”.

 

 

Previamente a estos debates y a estas crónicas parlamentarias, la prensa de la época dedicó otros espacios a ambas diputadas: Kent y Campoamor. Y, esta última, además, ocupó a principios de septiembre de 1931 una página de Nuevo Mundo que se convertiría, especialmente por la imagen que la acompaña, en todo un símbolo de la lucha por el sufragio universal.

Las líneas que dedicó esta revista a la gran defensora del voto femenino narran su vida y obra política y destacan cómo Campoamor se convirtió no solo en la primera mujer que habló en las Cortes, sino también a la primera que lo hizo en la Sociedad de Naciones, asomándose a Europa y llevando “a los grandes equipos mundiales sus figuras femeninas”.

 

Hemeroteca:

 
1 de octubre de 1931: la sesión en la que las mujeres dan el gran paso hacia la plena ciudadanía política

1 de octubre de 1931: la sesión en la que las mujeres dan el gran paso hacia la plena ciudadanía política

Clara Campoamor:  “Yo, Sres. Diputados, me siento ciudadana antes que mujer, y considero que seria un profundo error político dejar a la mujer al margen de ese derecho, a la mujer que espera y confía en vosotros; a la mujer que será indiscutiblemente una nueva fuerza que se incorpora al Derecho y no hay sino empujarla a que siga su camino”

 

El Pleno de las Cortes Constituyentes de 1931 se reúne el 1 de octubre en una sesión que marcará la historia en la lucha por la equiparación de los derechos políticos de hombres y mujeres. Solo dos diputadas formaban en ese momento parte de la Cámara que, al término de esta sesión, aprobaría el derecho a voto para todas las españolas.

El proceso de elaboración del artículo 36 y la deliberación parlamentaria sobre la pertinencia de su aprobación constata un debate político y social abierto, que se reflejó en el Hemiciclo no solo en la confrontación dialéctica entre las dos parlamentarias elegidas el 28 de junio, Clara Campoamor y Victoria Kent, sino también en la sesión previa y en la exposición de las posturas del resto de los diputados que intervinieron en el debate constitucional.

Cuando el 14 de julio de 1931 se celebraba la solemne apertura de las Cortes, los casi 470 diputados y dos diputadas asumen entre sus deberes como representantes de los ciudadanos la responsabilidad de elaborar y aprobar la Constitución que defina el marco jurídico-político del nuevo régimen republicano alumbrado el 14 de abril.

Previamente y desde fuera de la sede parlamentaria, el 28 de junio se hace público un anteproyecto elaborado por la Comisión jurídica para la nueva Constitución de España, un anteproyecto que no recoge el derecho del voto para la mujer, pero que ya plantea en su redacción una nueva visión respecto a la posición jurídica de la mujer: “Se reconoce, en principio, la igualdad de los dos sexos” .“Todos los españoles son admisibles a los empleos y cargos públicos, según su mérito y capacidad”. “El matrimonio (…) se funda en la igualdad de derechos para ambos sexos”.

La necesidad de reconocer la igualdad jurídica de las mujeres, en línea con los avances que en este sentido se habían producido en los países de nuestro entorno, se abría camino en España, que ya había dado el primer paso hacia la equiparación política con la ampliación del derecho de sufragio pasivo a las mujeres.

 

La defensa de los derechos de la mujer y la infancia en la Comisión redactora de la Constitución

Así, pese a que el mencionado anteproyecto no contempla el voto femenino, las Cortes Constituyentes parten en este punto de una hoja en blanco para escribir el texto constitucional. El primer paso es designar una comisión redactora formada por veintiún diputados, entre ellos Clara Campoamor. La diputada, que había obtenido escaño por el Partido Radical, argumenta y convence así a su partido de que defenderá en estos trabajos parlamentarios el sufragio femenino, y que pugnará por el reconocimiento de los derechos de las mujeres y de la infancia.

Durante las reuniones afloran las tres grandes posturas sociales sobre el derecho al voto de las mujeres: una minoría que se posiciona en contra y una gran mayoría a favor, en la que se distinguen los que abogan, como Clara Campoamor, por un reconocimiento inmediato, sin límites ni condicionantes; y los que a pesar de estar a favor, piden demorarlo unos años, por entender que en ese momento podría estar condicionado “por el marido o el confesionario”.

Finalmente, la comisión redactora reconoce en su dictamen que “Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de veintiún años, tendrán los mismos derechos electorales, conforme determinen las leyes”. Y dicho artículo 36 se somete a la deliberación del Pleno los días 30 de septiembre y 1 de octubre, día que se produce el encendido debate entre Clara Campoamor y Victoria Kent en torno al voto femenino.

 

El 30 de septiembre: un cambio en la mayoría de edad política

El debate sobre el artículo 36 comienza con la lectura por parte del Sr. Castrillo de una modificación sobre el texto del dictamen que eleva a 23 años la edad para votar, dando la redacción definitiva con la que quedará aprobado el artículo: “Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de veintitrés años…”. Desde este momento el debate se centra en ambos extremos: el voto de la mujer y la edad.

La mayoría de edad política ocupa buena parte de los discursos. El Sr. Cordero, de la minoría socialista, presenta un voto particular para regresar a la redacción primitiva y que “la edad electoral comience a los veintiún años”. En respuesta, el Sr. Botella explica que el cambio persigue limitar el derecho al voto a los hombres que están haciendo el servicio militar.

El Sr. Trifón Gómez, también de la minoría socialista, argumenta que “existe un poco de temor a que voten los jóvenes, como hay también un temor a que voten las mujeres”. En ambos casos “se impone una campaña de propaganda” para hacerles comprender “cómo tienen que utilizar el derecho electoral”.

Concluida la discusión sobre este voto particular, el presidente del Gobierno, Niceto Alcalá-Zamora, solicita que como se plantean dos cuestiones: la mujer y la edad, “y que puede haber el caso -de pronto se da en mí-, (refleja el Diario de Sesiones), que en uno se vote que sí y en otro se vote que no”, se diriman por separado. Sometido al Pleno lo referido a la edad, resultaron 135 noes y 132 síes, quedando desechada la primera parte del voto particular y por lo tanto manteniendo la edad en los 23 años.

Antes de procederse a la votación de la segunda parte del voto particular, la referida a la mujer, la Cámara decide que se posponga hasta que se hayan presentado todos los argumentos. Se procede por tanto a retomar el debate sobre sendas enmiendas que pretender limitar el voto femenino a las mujeres mayores de 45 años o postergarlo unos años.

 

La “edad crítica de la mujer” y un “título de suficiencia profesional”

En un primer turno de palabra, el Sr. Ruiz Funes defiende su voto particular basado en la “desconfianza” y pidiendo que el “ensayo previo” del voto femenino se haga “en un radio más restringido que en unas elecciones generales”. Luego toma la palabra el diputado Sr. Ayuso que defiende que las mujeres puedan votar a partir de los 45 años. La lectura de esta enmienda da lugar a “rumores prolongados” en el Hemiciclo.

Argumenta que “en un Congreso internacional se estimó respecto a la “standarización” de la edad crítica de las mujeres latinas que era, poco más o menos, a los cuarenta y cinco años”. “Traigo la cuestión -prosigue-de si se cree de buena fe que antes de esa edad crítica (no sé si quiero emplear otra palabra), está perfectamente capacitada la bella mitad del género humano ¿no puede estar, y de hecho está disminuida en algún momento la voluntad, la inteligencia, la psiquis de la mujer?”.

Clara Campoamor, toma la palabra en su primera intervención en el debate sobre el voto femenino: “no puedo entrar a discutir esas cosas, no sé qué es mejor, si el desdén o la indignación”.

A continuación, el Sr. Juarros, de la minoría progresista apunta: “el histerismo constituye una enfermedad, no exclusiva del sexo femenino”, y que “el voto se debe conceder al hombre y a la mujer a idéntica edad. No existe razón fisiológica, ni ética, ni psicológica, para establecer tal diferencia”. “Sin más discusión, no fue tomada en consideración tal enmienda”.

“El voto se debe conceder al hombre y a la mujer a idéntica edad. No existe razón fisiológica, ni ética, ni psicológica, para establecer tal diferencia”

Por la minoría radical, el Sr. Guerra del Río, compañero de partido de Campoamor, toma la palabra para explicar el giro en la postura de su grupo. Su partido ha apoyado el voto femenino en la comisión, pero dice que “se ha revotado” y viene a decir a la Cámara que considere “si no será peligroso” e “irreparable”, que el derecho se conceda desde hoy.

Por ello su enmienda pide “dejar para una futura Ley Electoral, y sin prejuzgar”, el sufragio activo de la mujer. Solicita que se regule no en la Constitución sino por ley “para negarle al día siguiente si la mujer vota con los curas y con la reacción”.

Para defender su argumento, alude a un escrito presentado por mujeres el día anterior al presidente de la Cámara, el Sr. Besteiro, en contra de la supresión de las ordenes religiosas. “En la Prensa misma de hoy viene la manifestación de un millón cuatrocientas mil firmas de mujeres españolas recogidas en las sacristías y en las cofradías, y nosotros lo que tememos es que esas mujeres…”.

Desde Acción Republicana, el Sr. Rico, se posiciona a favor de la enmienda. La mujer, apunta, encuentra el reconocimiento constitucional de su derecho electoral activo y pasivo, “lo único que pedimos es que se regule la forma de ejercitar este derecho con arreglo a las posibilidades históricas y políticas del momento en que nos hayamos”.

El Sr. Gomariz, de la minoría radical socialista, a favor de postergar el voto femenino, profundiza en el asunto y afirma “con el convencimiento que tenemos muchísimos de nosotros” de que sólo las mujeres “trabajadoras y con un título de suficiencia profesional que acredite su derecho de ciudadanía tendrán derecho a emitir el voto”.

 “Resolved lo que queráis, pero afrontando la responsabilidad de dar entrada a esa mitad del género humano en la política”

En su respuesta, Campoamor rebate que no se puede sentar el principio de conceder unos derechos y prever la contingencia de “revocarlos el día de mañana” si no responden a lo esperado. “Eso no es democrático”. “Resolved lo que queráis”, pero “afrontando la responsabilidad de dar entrada a esa mitad del género humano en la política”, ya que la política es cosa de dos, “porque sólo hay una cosa que hace un sexo sólo: alumbrar; las demás las hacemos todos en común”.

También se opone a la enmienda el Sr. Cordero. La minoría socialista votará a favor del voto de la mujer y ello está “plenamente justificado por la sencilla razón de que representamos un ideal que procura la elevación moral y espiritual de todas las gentes que en el régimen actual están en una posición inferior”.

Concluye el debate de esta enmienda el diputado Beunza, quien afirma que las mujeres están “demostrando en todas partes la misma capacidad que los hombres, compitiendo con ellos en muchas oposiciones y obteniendo en ellas mejores números que los hombres”, por lo que “no se explica que ahora se pretenda imponer una condición suspensiva”. La votación de la enmienda que pretendía posponer la regulación del derecho de sufragio a una futura Ley Electoral quedó rechazada por 153 noes y 93 síes.

 

1 de octubre: dos diputadas, dos posturas

Las enmiendas y votos particulares al artículo sobre el derecho de sufragio han sido ya debatidos y rechazados en la reunión previa. El 1 de octubre, la sesión parlamentaria afronta el propio contenido del artículo, y vuelven a surgir las mismas posiciones del día anterior sobre la edad mínima para votar y la oportunidad de conceder el voto a la mujer en este momento.

El Sr. Vidarte, de la minoría socialista, consume un turno en contra, pero aclara no contra todo el artículo “ya que en una parte de lo que en él se concede”, el voto femenino, “está identificado del todo con el partido socialista”. Se posiciona a favor de reducir la edad de votar. Le responde el Sr. Samper, que defiende que la comisión redactora “ha considerado que la excesiva juventud puede ser perjudicial para la estabilidad de las instituciones” y añade que además, con ello, se equiparan la mayoría de edad civil y política.

Comienza a renglón seguido el intenso e histórico debate entre Victoria Kent y Clara Campoamor, las dos únicas diputadas presentes en el Hemiciclo, ambas defensoras del sufragio femenino, pero con posiciones en este caso enfrentadas sobre la oportunidad de concederlo ya o esperar.

“Sencillamente creo que el voto femenino debe aplazarse”. Con estas contundentes palabras marca la Srta. Kent su posición. “Y lo dice una mujer que, en el momento crítico de decirlo, renuncia a un ideal”. Lo justifica no por cuestión de capacidad, sino de oportunidad: “la mujer, para encariñarse con un ideal, necesita algún tiempo de convivencia con el mismo ideal”.

Además, Kent quiere aclarar que “el hecho de que dos mujeres (…) opinen de manera diferente, no significa absolutamente nada, porque, dentro de los mismos partidos y de las mismas ideologías, hay opiniones diferentes”.

Responde la Srta. Campoamor que dedica a Kent sus primeras palabras: “lejos yo de censurar ni de atacar las manifestaciones de mi colega, comprendo la tortura de espíritu al haberse visto hoy en trance de negar la capacidad inicial de la mujer”. Luego rebate las afirmaciones hechas contra el voto femenino: “no están apoyadas en la realidad”.

“¡Las mujeres! ¿Cómo puede decirse que cuando las mujeres den señales de vida por la República se las concederá como premio el derecho a votar?”, se pregunta. “¿No refluye sobre ellas toda la consecuencia de la legislación que se elabora aquí para los dos sexos, pero solamente dirigida y matizada por uno?”. “Precisamente porque la República me importa tanto, entiendo que sería un gravísimo error político apartar a la mujer del derecho del voto”, remarca Campoamor.

Como relata el propio Diario de Sesiones, el discurso de Campoamor es interrumpido por comentarios y rumores, llegando la propia diputada a rogar a la Cámara que la escuche ”en silencio”. “No es con agresiones y no es con ironías como vais a vencer mi fortaleza”.

La diputada continúa aludiendo a las declaraciones de derechos históricas, y apunta que sólo el que no considera a la mujer un ser humano “es capaz de afirmar que todos los derechos del hombre y del ciudadano no deben ser los mismos para la mujer”. Luego se enfoca en aspectos prácticos, y refiere un informe sobre analfabetismo cuyos datos afirman que la tasa entre las mujeres se ha reducido más que entre los hombres.

“Otra cosa, además, al varón que ha de votar. No olvidéis que no sois hijos de varón tan solo”, apunta Campoamor, suscitando risas entre los parlamentarios, “sino que se reúne  en vosotros el producto de los dos sexos”. “Yo y todas las mujeres a quienes represento queremos votar con nuestra mitad capaz masculina, porque no hay degeneración de sexos, porque todos somos hijos de hombre y de mujer y recibimos por igual las dos partes de nuestro ser“.

Campoamor continúa rebatiendo los argumentos contra la igualdad de derechos políticos de las mujeres. “Negadlo si queréis; sois libres de ello, pero sólo en virtud de un derecho que habéis (perdonadme la palabra que digo solo por su claridad y no con espíritu agresivo) detentado, porque os disteis a vosotros mismos las leyes; pero no porque tengáis un derecho natural para poner al margen a la mujer”.

“Yo, Sres. Diputados, me siento ciudadana antes que mujer, y considero que seria un profundo error político dejar a la mujer al margen de ese derecho, a la mujer que espera y confía en vosotros; a la mujer que, como ocurrió con otras fuerzas nuevas en la Revolución francesa, será indiscutiblemente una nueva fuerza que se incorpora al Derecho y no hay sino empujarla a que siga su camino”, remarca la impulsora del voto femenino.

Finalizado el histórico discurso de Campoamor, continúan las intervenciones de otros diputados. El Sr. Guerra del Rio, compañero de la diputada, declara que siente orgullo de contar con ella en el seno de la formación, pero aboga por postergar el voto femenino, y pide que el artículo se retire y se busque una nueva redacción que interprete “la opinión de la mayoría” de la Cámara. Rechazada esta propuesta, su formación “votará contra la totalidad del dictamen”.

En nombre de la minoría socialista, el Sr. Ovejero defiende su voto recordando cómo “el partido socialista, sin regateos, sin temores, sin vacilaciones, unánimemente, pedía que la mujer tenga acceso a ]as deliberaciones políticas en la vida española”.

“Concediendo a la mujer la igualdad de derechos jurídicos es un absurdo negarla los derechos políticos”

El Sr. Castrovido, de Acción Republicana, votará diferente a su formación y lo hará “por lógica, no por ética”, “porque concediendo a la mujer la igualdad de derechos jurídicos es un absurdo (…) negarla los derechos políticos”. Y el Sr. Companys por su parte votará personalmente a favor del sufragio femenino, porque cree “sinceramente que no existe peligro alguno para la República” y porque “en Cataluña, el voto de la mujer no perjudicará sino que será un extraordinario refuerzo para la República española”.

El debate concluye de nuevo con una disquisición sobre aspectos reglamentarios, para dilucidar si la votación del artículo se puede dividir en dos partes, una sobre la edad y otra sobre la mujer, que fue desechada.

Alcanza así la sesión el momento culmen cuando se somete a votación el artículo 36. Con  161 votos a favor y 121 en contra, queda aprobada la igualdad del derecho de participación política para ambos sexos.

Un Sr. Diputado grita: “¡Viva la República de las mujeres!”

Un último intento de demorar el voto femenino

La igualdad de derechos electorales para hombres y mujeres queda ya aprobada en el debate de aquellos 30 de septiembre y 1 de octubre. Pero en el camino que aún debía recorrer el texto constitucional hasta su promulgación definitiva el 9 de diciembre de 1931, el voto femenino afronta aún una traba más.

Antes de su aprobación definitiva, se presenta una enmienda, que apoyaron entre otros las minorías Acción Republicana y Radical Socialista, para introducir una Disposición Transitoria que disponía que las mujeres votasen en unas elecciones generales cuando ya hubieran votado previamente en dos elecciones municipales. Se pretendía demorar la eficacia del voto femenino. La disposición, que fue rechazada, hubiera impedido votar a las mujeres durante la II República, y por lo tanto no habría participado en un proceso democrático en España hasta el 15 de junio de 1977.

Infografía:

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“La aprobación del voto femenino en España se enmarca en un movimiento global”

“La aprobación del voto femenino en España se enmarca en un movimiento global”

En esta entrevista, analizamos con Yolanda Gómez, catedrática de Derecho Constitucional y directora del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales el proceso de aprobación del voto femenino en España, el aumento de la participación política de la mujer que se produjo durante la Segunda República y los avances hacia la igualdad entre hombres y mujeres.

Las únicas diputadas que ocupaban escaño en las Cortes Constituyentes de 1931 cuando se debatió el sufragio femenino se enfrentaron a la hora de reconocer el derecho de voto a las mujeres.  No obstante, como afirma la directora del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, estas mujeres procedían del activismo feminista y pese a su enfrentamiento en el Hemiciclo compartían más de los que las separaba.

 

Un movimiento global

La aprobación del sufragio femenino en España se enmarca en un movimiento global en el que países de todo el mundo iban reconociendo el derecho al voto de las mujeres y que tiene como punto de partida la Convención de Séneca Falls, celebrada en Nueva York en 1848, momento de extensión internacional de la reivindicación del sufragio y de otros derechos de las mujeres.

Si bien en la historia española se encuentran precedentes desde el Cantón de Cartagena en 1873, sólo se puede hablar de una verdadera universalización del sufragio durante la Segunda República, cuando “aparece con toda su intensidad”, siendo la sesión parlamentaria del 1 de octubre -en la que se aprueba definitivamente el artículo 36 que establece el voto femenino- “uno de los debates más importantes” en la elaboración de la Constitución de 1931.

Si bien en la historia española se encuentran precedentes desde el Cantón de Cartagena en 1873, sólo se puede hablar de una verdadera universalización del sufragio durante la Segunda República

Ese debate enfrentó a las dos únicas parlamentarias presentes en aquel momento en la Cámara: Clara Campoamor y Victoria Kent, ya que la tercera diputada de esa Legislatura Constituyente, Margarita Nelken, tomó posesión de su escaño a finales de 1931. Gómez señala que la representación femenina fue “cuantitativamente muy pequeña”, tres en una Cámara de unos 470 miembros, pero cualitativamente destacable, ya que eran mujeres cuya trayectoria política iba precedida de una importante carrera profesional, dos abogadas y una periodista.

En su opinión, a pesar de que esta situación es “consustancial al momento histórico e incluso muy semejante a lo que parece estaba sucediendo en otros países”, estas dos mujeres no pueden considerarse representativas de la población media femenina. Por ello, la llegada de las primeras diputadas a Cortes fue vista por sus colegas como una excepción, no como la incorporación de la mujer a la vida política, sino como el  de una élite.

 

El debate del 1 de octubre

El debate entre Clara Campoamor y Vitoria Kent ha pasado a la historia no solo por la repercusión jurídica de una sesión que culminaba en la votación y aprobación del sufragio femenino, sino también por las implicaciones, de carácter social y personal para para sus dos protagonistas.

Si bien el voto de la mujer había sido aprobado por la comisión redactora de la Constitución, el debate en Pleno enfrenta a unas fuerzas políticas muy dividas, con una derecha favorable a la concesión del voto porque consideran que es un “voto conservador”, y una izquierda que “no es mayoritariamente favorable” a su concesión a corto plazo, por la misma razón. Se produce así una situación paradójica porque las fuerzas progresistas habían sido defensoras del mismo.

Campoamor y Kent “tuvieron que enfrentarse cuando no estaban enfrentadas en la vida real”, “el voto femenino abrió una grieta entre ellas”. Campoamor se enfrentó incluso a su propio partido y defendió sin ambages el reconocimiento del derecho al voto, mientras que Kent defendía “no tanto que hubiera que negar el voto a la mujer, sino que había que demorarlo” hasta “épocas más favorables”.

Campoamor y Kent “tuvieron que enfrentarse cuando no estaban enfrentadas en la vida real”, “el voto femenino abrió una grieta entre ellas”.

Como quedó recogido en el Diario de Sesiones, Campoamor dijo que defendía “una postura coherente con sus propias convicciones”, mientras que en Kent prevaleció la posición de la fuerza política a la que pertenecía y reconocía que “renunciaba a un ideal”.

 

Un coste político

Como ya hemos apuntado, la aprobación del voto tuvo consecuencias personales para sus protagonistas. Clara Campoamor, y así lo reconoce en su obra, “se vació como persona, se vació como activista”, y prácticamente puso fin a su trayectoria política. Si bien volvió a presentarse a las elecciones de 1933, las primeras en las que podían votar las mujeres, no obtuvo escaño. Lo mismo le ocurrió a Victoria Kent. Sin embargo, la tercera diputada de aquellas Cortes Constituyentes Margarita Nelken, sí revalidó su acta tanto en 1933, cuando ganaron los partidos de derechas, como en 1936, cuando salió victorioso el Frente Popular.

 

Participación política de la mujer

Durante la Segunda República se impulsó la participación política de la mujer. Si bien, en el número de diputadas no aumentó de modo significativo (en total ocho mujeres) ocuparon el escaño entre 1931 y 1936, todas “personas que venían o de una militancia política muy significada o bien de la militancia profesional o feminista”.

Sí se amplía cuantitativamente “la adscripción de mujeres a partidos políticos y sindicatos”. Así, aunque la representación siga siendo escasa, “tanto los que llegan a la Cámara como aquellas otras que se quedan en la militancia” amplían el espectro social de participación de la mujer. Y estos cambios cuantitativos implican cambios cualitativos: empiezan a ocupar determinados cargos en la Administración y se les permite, por ejemplo, acceder a oposiciones que estaban vedadas en otros tiempos.

La legislación del Derecho de familia o de propiedad “era muy restrictiva para las mujeres”; y se centraron en modificar estos asunto y otros como la situación de los hijos ilegítimos o la protección de la maternidad.

En las Cámaras, aquellas mujeres que alcanzaron el escaño se especializaron en asuntos que eran fiel reflejo de su trayectoria profesional previa, y fundamentalmente trabajaron en cambiar la legislación civil. La legislación del Derecho de familia o de propiedad “era muy restrictiva para las mujeres”; y se centraron en modificar estos asunto y otros como la situación de los hijos ilegítimos o la protección de la maternidad. Y también en otras materias como el derecho de reunión o la igualdad de salarial entre mujeres y hombres.

No obstante, la Segunda República “fue una isla” y la guerra civil truncó tanto la trayectoria política de todas estas mujeres, como efectivamente el derecho del voto, de todos los españoles, y los avances en igualdad entre el hombre y la mujer que se habían producido, añade.

 

El regreso de la Democracia

Con la llegada de la democracia no hay ninguna discusión sobre el sufragio femenino. Ya pudieron votar en el referéndum sobre la Ley para la Reforma Política, que dio paso al proceso constituyente y, por supuesto, en las elecciones del 15 de junio de 1977, de las que emanaron las Cortes Constituyentes. Tampoco se cuestionó, como en 1931, que se tratara de un voto conservador: los estudios electorales de la época muestran un voto plural, repartido por todo el espectro ideológico.

No obstante, vuelve a haber una representación cuantitativa “muy pequeña”, ya que solo 27 mujeres formaron parte del Congreso y el Senado en aquella legislatura que redactó la Constitución. Esta situación sí ha ido cambiando y hoy nos acercamos a una representación muy igualada entre hombres y mujeres presentes en el Parlamento.

Y lo mismo ha ocurrido con la sociedad en general. En estas décadas “sin duda ninguna se ha producido una integración total de la mujer en la vida social y en la vida política”, aunque haya aspectos que puedan ser mejorados. “La igualdad total no se ha conseguido, hay que seguir trabajando cotidianamente” y “no bajar la guardia porque se retrocede”.

Gómez concluye asegurando que “los avances son innegables” , lo que “es positivo y creo que hay que felicitarse por ello”.

 

El Congreso celebra que hace 90 años “las mujeres ganaron un derecho y la sociedad española dignidad, justicia, riqueza y capacidades en beneficio de todos»

El Congreso celebra que hace 90 años “las mujeres ganaron un derecho y la sociedad española dignidad, justicia, riqueza y capacidades en beneficio de todos»

- La presidenta del Congreso, Meritxell Batet y la ministra de Igualdad, Irene Montero, han inaugurado las jornadas conmemorativas del 90 aniversario del voto femenino, en las que han participado la exvicepresidenta del Gobierno Carmen Calvo, la primera presidenta del Congreso, Luisa Fernanda Rudi, la letrada del Constitucional Itziar Gómez y portavoces parlamentarios

- María Pagés ha puesto el broche final a una semana dedicada a las mujeres y a su lucha por la igualdad jurídica y política con “Conciencia y deseo', una emotiva representación de danza en una de las estancias más representativas del Palacio, el Salón de los Pasos Perdidos

Este 1 de octubre, 90 años después de la sesión de las Cortes Constituyentes de 1931 en la que se aprobaba el derecho a voto para las mujeres, el Congreso de los Diputados ha organizado un acto para celebrar “el acceso de las mujeres al derecho de voto, el instrumento fundamental de participación política en la sociedad y un paso clave en el reconocimiento de la igualdad entre mujeres y hombres».

«Las mujeres ganaron un derecho y con ello la sociedad española entera ganó en dignidad, en justicia y en riqueza y capacidades en beneficio de todos», subrayaba Meritxell Batet, en la clausura de las jornadas que, durante dos días, se han celebrado en la Cámara para rendir homenaje a la figura de Clara Campoamor, impulsora del sufragio femenino, y para recordar el debate parlamentario que permitió a las mujeres españolas acudir por primera vez a las urnas, en las elecciones de noviembre de 1933. 

En la apertura de las jornadas, la presidenta del Congreso recalcó que “con el sufragio de las mujeres ganamos todos, mujeres y hombres. Ganamos en capacidades y aportaciones a lo público, ganamos en democracia, ganamos en justicia y en dignidad».

La ministra de Igualdad, Irene Montero, destacaba, por su parte, en la apertura de estos actos, que «la memoria de las mujeres que nos precedieron en la lucha por nuestros derechos es una de las armas más poderosas que tenemos las feministas, todas y todos los demócratas, para no olvidar quiénes somos, para no olvidar de dónde venimos y cuáles son nuestras tareas. La memoria es nuestra mejor herramienta de futuro».

En esta conmemoración se ha recordado el legado de Clara Campoamor con una mesa  redonda sobre `Clara Campoamor y su herencia feminista’, en la que los participantes han podido escuchar a Isaías Lafuente, autor de “La mujer olvidada, autobiografía ficticia de Clara Campoamor”, Laura Mañá, autora de la película “Clara Campoamor, la mujer olvidada”; y a Beatriz Ledesma, filóloga y editora de los libros “Del Amor y otras pasiones y La mujer quiere alas y otros ensayos”, recopilatorios de textos literarios escritos por Clara Campoamor.

 

“Igualdad, voto femenino e instituciones”

 

La jornada de este 1 de octubre ha comenzado con una mesa redonda sobre ‘Igualdad, voto femenino e instituciones’, moderada por la periodista Carme Chaparro y en la que han participado Carmen Calvo, exvicepresidenta del Gobierno y exministra de Igualdad; Luisa Fernanda Rudi, la primera mujer que presidió el Congreso de los Diputados; e Itziar Gómez, letrada del Tribunal Constitucional y profesora de Derecho Constitucional.

En este reconocimiento a la figura de Clara Campoamor y su lucha por los derechos de la mujer, Carmen Calvo ha puesto énfasis en que «las mujeres tenemos un pacto básico que deberíamos activar y mucho más cuando estamos en responsabilidades políticas porque nosotras somos la voz continua de todas las demás que son más de la mitad de la ciudadanía y del electorado».

Por su parte, Luisa Fernanda Rudi, primera mujer que presidió el Congreso de los Diputados y actualmente senadora, ha destacado que una mujer alcanza su igualdad cuando no depende de nadie. Y para alcanzar la independencia hay que empezar por la educación». 

En la mesa de debate también ha participado Itziar Gómez, profesora de Derecho Constitucional y letrada del Tribunal Constitucional, quien ha resaltado que «en estos 90 años hemos hecho un camino impresionante. Ha sido una revolución sociológica, política, vital tan grande y tan poco sangrienta que todas las mujeres tenemos que sentirnos orgullosas por eso».

La jornada ha continuado con una mesa redonda en la que se ha abordado “‘El futuro de las políticas de igualdad’. Han participado las diputadas Susana Ros, del Grupo Socialista; Ana María Zurita, del Grupo Popular; Macarena Olona, del Grupo Vox; Sofía Fernández Castañón; del Grupo Confederal de Unidas Podemos-En Comú Podem-Galicia en Común; Inés Sabanés, de Más País, en representación del Grupo Plural; Sara Giménez, del Grupo Ciudadanos; y el diputado Joseba Agirretxea, del Grupo Vasco, en una mesa de debate moderada por la directora de Comunicación del Congreso de los Diputados, Rosario Rodríguez.

La clausura de estas jornadas ha tenido lugar en el Salón de Pasos Perdidos, donde la presidenta del Congreso de los Diputados, Meritxell Batet, ha recordado que «celebramos el acceso de las mujeres al derecho de voto, el instrumento fundamental de participación política en la sociedad y un paso clave en el reconocimiento de la igualdad entre mujeres y hombres y la garantía de la autonomía y el libre desarrollo personal de cada mujer en España». 

Una vez finalizado el acto de clausura, la presidenta del Congreso ha dado paso a la interpretación de la pieza de danza titulada ‘Conciencia y deseo’, a cargo del Centro Coreográfico María Pagés.

 

Galería:

 
Imágenes, objetos personales y documentos recuerdan la figura de Clara Campoamor y el avance hacia la igualdad

Imágenes, objetos personales y documentos recuerdan la figura de Clara Campoamor y el avance hacia la igualdad

 

Bajo el título “Clara Campoamor, los derechos de la mujer” una exposición recuerda la figura de la insigne diputada y defensora del voto femenino, cuyo tesón desde el escaño, consiguió que la Constitución de 1931 reconociera por primera vez en la historia de España el derecho de sufragio activo para las mujeres, un primer avance hacia la plena igualdad jurídica entre ambos sexos.

A través de fotografías, objetos personales de Campoamor, como su escritorio, que se exhibe en el Congreso de los Diputados; recortes de prensa y documentación custodiada en el Archivo de la Cámara Baja, esta exposición recorre no solo la figura de Clara Campoamor, sino también los avances jurídicos en igualdad que se produjeron durante la II República y otros cambios sociales que reflejan un debate abierto en la época.

La exposición se enmarca en los actos conmemorativos por el 90 aniversario de la aprobación del voto femenino, y ha sido organizada por la Dirección de Documentación, Biblioteca y Archivo del Congreso de los Diputados. Su director, Mateo Maciá, explica que la muestra tiene como primer objetivo “la época en que Clara Campoamor vivió en España hasta su exilio en 1936.”

La exposición nos invita a hacer un recorrido documental por la figura y la trayectoria personal y política de Campoamor, los primeros movimientos feministas, los debates parlamentarios durante la tramitación del proyecto de Constitución republicana de 1931 y los derechos sociales alcanzados por las mujeres durante la II República, entre otro hitos de principios del siglo XX.

De esta forma, se da a conocer la trayectoria parlamentaria de Clara Campoamor y su lucha por la igualdad jurídica y el voto femenino a través de documentos que conserva el Congreso, como su credencial de diputada en las elecciones de 1931 o el acta de la Comisión de Trabajo con su designación como vicepresidenta.

La muestra también expone una serie de vídeos sobre los primeros movimientos feministas y las primeras mujeres profesionales en distintos ámbitos que, hasta entonces, estaban ocupados exclusivamente por los hombres. Es el caso de María de Maeztu, fundadora de la Residencia de Señoritas en 1915 e impulsora de la educación universitaria de la mujer.

Además, gracias a la reproducción de una colección de portadas y páginas de periódicos se puede observar cómo la prensa de la época narró las primeras elecciones en las que las mujeres votaron en 1933, dos años más tarde la aprobación del derecho, y la efervescencia social con la que se vivió aquel histórico momento.

Las fotografías ocupan un lugar destacado en la exposición. A través de las imágenes se puede poner rostros a todas las mujeres que fueron diputadas durante la Segunda República: Margarita Nelken, Veneranda García, María Lejárraga, Matilde de la Torre, Francisca Bohigas, Victoria Kent, Clara Campoamor, Dolores Ibárruri y Julia Álvarez Resano. Un total de ocho mujeres en tres legislaturas entre 1931 y 1936.

Los avances jurídicos hacia la plena igualdad entre hombres y mujeres es otro eje de la muestra, que además de exponer los originales de la Constitución de 1931, abierta por su artículo 36, dedicado a la igualdad de derechos electorales, también destaca hitos como la primera regulación de la disolución del matrimonio por causa de divorcio o las enmiendas a este proyecto firmadas por Clara Campoamor. La exposición también dedica un espacio a los derechos sociales alcanzados por las mujeres durante la II República.

Se concluye el recorrido con un reportaje que reproduce la biografía de Clara Campoamor desde sus primeros trabajos hasta la llegada al escaño en 1931 y su papel en la política y académica en la España del primero tercio del siglo XX.

 

 

Galería:

 
Clara Campoamor, una mujer adelantada a su tiempo

Clara Campoamor, una mujer adelantada a su tiempo

En democracia el pueblo participa en la toma de decisiones con su voto, instrumento democrático esencial. Pues bien, la historia de este sistema de gobierno es también la de los hombres y mujeres que luchan por ampliar el derecho al voto a todos los ciudadanos. Y en España, la aprobación del sufragio universal hace ahora noventa años, tiene una clara protagonista: Clara Campoamor.

El sufragio femenino es el colofón, pero también un punto de partida, en la lucha por la igualdad jurídica, política y social de las mujeres y que en España tiene nombres tan relevantes como Emilia Pardo Bazán, Concepción Arenal, Consuelo González Ramos, María Espinosa de los Monteros y la propia Clara Campoamor, una pionera en muchos sentidos que consiguió que la Constitución de 1931 incluyera los mismos derechos electorales para los hombres y las mujeres, sin distinción y sin matices.

Fue una mujer pionera y adelantada a su tiempo. Una afirmación sustentada en su propia biografía. Hija de una costurera y de un contable, nació en Madrid en 1888. Su niñez se vio truncada por la muerte prematura de su padre, lo que la obligó a abandonar sus estudios y a comenzar a trabajar para ayudar en el sustento de su familia.

Sin embargo, Campoamor no cejó en la búsqueda de una carrera profesional independiente. No superó las oposiciones a taquígrafos del Congreso, pero sí obtuvo una plaza en el cuerpo de auxiliares de telégrafos en 1909, lo que la llevó a vivir en Zaragoza y San Sebastián, desde donde regresó a Madrid en 1914 para enseñar taquigrafía y mecanografía en la Escuela de Adultas.

 

Una carrera profesional y política dedicada a los derechos de la mujer

Durante este tiempo desarrolló un especial interés por la situación de inferioridad jurídica de la mujer en un contexto social y político dominado por los hombres. Para luchar contra estas injusticias, decidió dar un paso más y retomar los estudios. A la edad de 32 y en solo cuatro años, entre 1920 y 1924 aprobó el bachiller y se licenció en Derecho, convirtiéndose en la segunda mujer en incorporarse al Colegio de Abogados de Madrid, tras Victoria Kent.

Paralelamente fue desarrollando una conciencia política sustentada en un republicanismo liberal, laico y democrático. Y con el advenimiento de la II República, en abril de 1931 vio la oportunidad de participar en primera persona en la construcción del nuevo régimen.

Fue el líder del Partido Radical, Alejandro Lerroux, quien le ofreció un puesto en la candidatura para las elecciones del 28 de junio de 1931 a Cortes Constituyentes. Unos comicios en los que las mujeres pudieron optar al escaño, pero no votar. Dos, Clara Campoamor, por el Partido Radical, y Victoria Kent, por el Partido Radical Socialista, obtuvieron representación en aquella Cámara a la que se le había encomendado diseñar el marco jurídico-político para España.

 

La huella de Campoamor en la Constitución de 1931

Campoamor fue también una mujer pionera en sus trabajos parlamentarios: Fue designada como una de los 21 diputados que formaron parte de la Comisión redactora de la Constitución, donde defendió con tesón, no solo el sufragio activo y pasivo de las mujeres, sino la plena igualdad jurídica entre ambos sexos y la regulación del divorcio o de la situación jurídica de los hijos ilegítimos… Y fue pionera también porque fue la primera mujer sufragista en todo el mundo que defendió desde la tribuna de un parlamento el derecho al voto de las mujeres.

Aunque el proyecto de Constitución incluía el derecho al voto de todas las mujeres mayores de 23 años, la tramitación parlamentaria no fue fácil. El momento crucial se produjo en el debate parlamentario del 1 de octubre de 1931 donde tuvo un enfrentamiento dialéctico con la otra mujer presente en el parlamento. Victoria Kent era defensora del derecho al voto, pero como otros diputados, veía la necesidad de postergarlo. Frente a ella, Campoamor mantuvo la necesidad de reconocer el derecho al voto sin restricciones y rebatió los argumentos que desde izquierda y derecha se oponían.

 

El coste político y personal de su lucha por la igualdad

Finalmente, la Constitución de 1931 reconoció el derecho al voto de las mujeres. Pero la defensa del voto femenino tuvo para Campoamor un coste personal y político. En las elecciones de 1933, las elecciones en las que las mujeres estrenaron su derecho al voto, la candidatura de Campoamor no obtuvo el respaldo suficiente y no consiguió escaño. Pero no abandonó la política, el Gobierno de Lerroux la nombró directora general de Beneficencia, cargó que abandonó la poco tiempo.

En 1936 intentó de nuevo regresar a la política de la mano de Izquierda Republicana, partido promovido por Azaña, pero su admisión fue denegada. Ese mismo año Campoamor publicó Mi pecado mortal. El voto femenino y yo, obra en la que defendió su lucha en favor de los derechos de la mujer, y también explicó su aislamiento político posterior.

Con el estallido de la Guerra Civil se exilió en Ginebra, donde escribió La revolución española vista por una republicana. Su exilio se prolongó en Buenos Aires y en Lausana, donde falleció en 1972 sin haber podido regresar a España. Sus restos descansan en San Sebastián.

90 años después de la aprobación del voto femenino, el espíritu de la obra de Campoamor impregna nuestra democracia: La Constitución de 1978 recoge sin ambages la plena igualdad en la participación política de hombres y mujeres. El número de diputadas en el Congreso ha ido creciendo en estas cuatro décadas y las mujeres están cada vez más presentes en todos los ámbitos de la sociedad. Y si bien durante años Campoamor fue una “mujer olvidada”, su obra y su figura han adquirido hoy el reconocimiento merecido.