“Un edificio digno de la representación nacional”. 1850: La inauguración del Palacio del Congreso

Oct 31, 2021 | El Congreso es Arte

"Un Palacio destinado exclusivamente para que celebrase el Congreso de los Diputados sus sesiones con decoro y comodidad, era cada vez más urgente

El 31 de octubre de 1850 se inauguraba el Palacio de la Carrera de San Jerónimo. Las Cortes estrenaban así, por primera vez en España, una sede diseñada específicamente para albergar el Parlamento. La urgencia en el diseño y la construcción de edificio que albergase la sede de la soberanía nacional, un proyecto dilatado por «la guerra civil, los trastornos políticos, y la penuria del erario”, era una de las prioridades a la hora de acometer una obra de tal magnitud, y así se constató en su día en la memoria histórico-descriptiva del nuevo palacio del Congreso de los Diputados, un documento elaborada por la Comisión de Gobierno interior del mismo y publicado por el impresor de cámara de S.M. y de su real casa en Madrid, en 1856.

«Declarado ruinoso, por varias partes, el vetusto convento del Espíritu Santo, que ocupaba el Congreso desde el año 1834, y trasladado este con todas sus dependencias al Teatro de Oriente en mayo de 1841, hízose ya indispensable levantar un edificio que, dando honor a la nación y sirviendo de ornato a la capital evitase el cuantioso coste que absorbían las continuas reparaciones del mencionado convento». 

La construcción de los edificios públicos, relata la memoria, y muy particularmente de los palacios, que deben estar ricamente decorados, se considera siempre como «el más fausto acontecimiento que puede ocurrir en una nación, así en beneficio de las nobles artes como de las mecánicas. Las sumas que en esta clase de obras se invierten redundan en provecho y honor del mismo país que las suministra, ofrecen ocasión de mostrar su habilidad a los artistas, contribuyen al fomento de las artes y, en realidad, son una semilla fecunda de prosperidad y de impulso para la industria».

Expuestas estas consideraciones, la memoria histórico-descriptiva detalla los artistas que “en el ornato de este notable edificio han tenido parte, y las fábricas y talleres que han suministrado las telas y los artefactos mecánicos, que por ser fabricados en España todos los objetos empleados en esta obra considerable constituyen una exposición de la industria española de nuestra época”.

El arquitecto Narciso Pascual y Colomer consigue que su proyecto, presupuestado en 14.800.000 reales, sea elegido entre las 14 propuestas presentadas para el nuevo palacio

Con el objetivo de acometer las obras para habilitar el Palacio que habría de ser la sede del Congreso de los Diputados, construido en lo que fuera el Convento del Espíritu Santo, se sancionaba el 7 de marzo de 1842 la ley que autorizaba al Gobierno para que, con la mayor prontitud posible, llevase a cabo la construcción de un Palacio “digno de la representación nacional, si bien sencillo y de severo carácter”, dándole facultad para que realizase la inversión oportuna.

A tal efecto, el Gobierno encargó a la Academia de Nobles Artes de San Fernando que abriese un concurso público para elegir el proyecto que mejor se adecuara, llamamiento al que respondieron arquitectos de dentro y fuera de Madrid. Los catorce proyectos presentados se sometieron al examen de la Academia, que optó por el arquitecto del Congreso, Narciso Pascual y Colomer, cuyo presupuesto ascendía a 14.800.000 reales.

“El Gobierno, escaso de recursos en aquella época y abrumado por más apremiantes atenciones, no podía reunir de una vez la suma necesaria para emprender la construcción del edificio”

Y así, continúa la memoria, «con mucha lentitud y en muy reducida cantidad se empezaron a acopiar algunos materiales. Con esta parsimonia lamentable hubiera seguido esta obra, calificada por todos de indispensable y urgente, si un sacudimiento extraordinario no hubiera venido a comunicarle notable y rápido impulso. El Gobierno provisional que siguió a aquel movimiento político ocurrido en 1845 quiso dar animación y vida a la obra proyectada, y dispuso que el 10 de octubre se colocase la primera piedra”.

“Deseoso al propio tiempo de solemnizar el fausto día del cumpleaños de S.M. con un acto memorable, que manifestase su amor al régimen constitucional, su constancia en los buenos principios y la absoluta confianza que debía tener la Nación Española en la estabilidad de las instituciones, venciendo todos los obstáculos que oponía la situación extraordinaria en que se hallaba el país, y muy particularmente las escaseces del erario, y reunidos algunos fondos para dar principio a la construcción del edificio, creyó que de ningún modo mejor podía celebrar S.M. el aniversario de su nacimiento que inaugurando el Palacio en el que habían de congregarse los diputados de la nación. Quiso pues, con toda solemnidad posible, así por lo grandioso de su objeto, como por ser la primera ceremonia pública a la que asistía la reina después de su mayoría de edad”.

En su primer acto público como Reina, Isabel II colocó, el 10 de octubre de 1845, la primera piedra del Palacio, en presencia del Gobierno provisional y de unos 4.000 invitados

Así fue como el 10 de octubre de 1845, la Reina Isabel II de Borbón, en presencia del Gobierno provisional y de unos 4.000 invitados, “y ante un concurso inmenso que poblaba los aires con fervientes aclamaciones, se situó en el solar donde existió el convento del Espiritu Santo, para dar principio a la ceremonia, y en medio de los murmullos de entusiasmo que excitaba en aquel pueblo numeroso la vista de las augustas princesas, colocó Su Majestad, con sus regias manos, la primera piedra del edificio”.

 

 

"El público que se coloca en la plazuela de las Cortes, frente al nuevo Palacio, contempla la fachada principal del edificio de piedra, recién terminado, con sus columnas corintias sosteniendo el helénico frontón, y la escalinata cubierta con doble dosel

Cinco años después, el 31 de octubre de 1850, se celebra inauguración del Palacio del Congreso de los Diputados, que será al fin una sede estable después de su itinerancia por la Isla de León, Cádiz, Sevilla, y el Convento del Espíritu Santo de Madrid, entre otras ubicaciones.
 
 “[…] Hay un bullicio extraordinario en las calles de Madrid, desde las primeras horas de la mañana. Los balcones lucen colgaduras y la multitud corre impaciente para situarse en los lugares más estratégicos, mientras las tropas van cubriendo la carrera. El público que se coloca en la plazuela de las Cortes, frente al nuevo Palacio, contempla la fachada principal del edificio de piedra, recién terminado, con sus columnas corintias sosteniendo el helénico frontón, y la escalinata cubierta con doble dosel […]”.
 
Así narraba la prensa madrileña la expectación con la que el pueblo acogió un acontecimiento que congregó además a corresponsales y del que en los días posteriores se publicaron imágenes y crónicas en medios como The Illustrated London News o L’Illustration.
 
 

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