💬 Nos lo cuenta... José Daniel BarqueroPresidente del Museo Internacional de Alta Relojería de Bolsillo y el autor del libro ‘Los relojes del Congreso’

Tres siglos de artesanía, ciencia y técnica al ritmo de los relojes del Congreso

May 27, 2022 | Nos lo cuenta

Más que objetos decorativos, los relojes son esos elementos presentes en cada estancia de los edificios parlamentarios, en unos casos con gran presencia y en otros prácticamente inadvertidos, silenciosos o con llamativas sonerías. Elementos imprescindibles para saber el momento exacto de inicio y fin de las reuniones, controlar la duración de las intervenciones y, aún hoy, servir de referencia para hacer constar las horas y los minutos en los diarios de sesiones.

Los relojes del Congreso son punto de encuentro del trabajo de relojeros, ebanistas, joyeros, constructores de esferas y de agujas. Conocer sus detalles nos permite realizar un recorrido por la historia de nuestro país, percibir la evolución de los propios usos y costumbres parlamentarios y ser testigos del modo en el que, a lo largo de más de tres siglos, se han conjugado  arte, ciencia, técnica y sabiduría relojera.

 

Nos lo cuenta José Daniel Barquero, presidente del Museo Internacional de Alta Relojería de Bolsillo y el autor del libro ‘Los relojes del Congreso’, obra en la que nos explica detalladamente la colección de relojes que conserva la Cámara Baja y que se conforma como “la colección más representativa de relojería de España”.

En este post recorremos de su mano y al ritmo de las agujas del minutero esta colección en la que encontramos relojes de los siglos XVIII, XIX y del XX, de cuerda, de sobremesa, realizados por maestros premiados por encontrar la precisión horaria e incluso relojeros espías que se llegaron a infiltrar en los lobbies del Congreso.

Primera parada: el reloj astronómico

En el Escritorio del Reloj del Palacio de la Carrera de San Jerónimo, una de las paradas, junto al Salón de Sesiones, más apreciadas por quienes visitan el Congreso de los Diputados, nos detenemos ante  un gran reloj de péndulo con caja de caoba construido en 1857. Se trata del reloj astronómico, “una de las piezas más emblemáticas del maestro relojero Alberto Billeter.

“Este reloj es punto de encuentro de la ciencia al más alto nivel”

En la llamativa esfera de su cuerpo superior queda representada la posición de la Tierra, la Luna y el Sol. El reloj astronómico señala además la estación en la que nos encontramos y la situación de los planetas.

Su cuerpo central está formado por múltiples esferas, en las que se informa de la hora en 20 meridianos, se muestra un “calendario perpetuo” y se registran datos como la temperatura y la humedad.

Una curiosidad: los signos zodiacales aparecen alrededor de la gran esfera central en cristal traslúcido que en su día, cuando aún funcionaba la corriente eléctrica de 125 para la que se preparó esta maquinaria, se iluminaba produciendo un efecto de luz azul cobalto.

Esfera del Reloj Astronómico

 

La maquinaria de este reloj está alojada en una gran caja tallada en madera de palo santo y profusamente decorada con incrustaciones de nácar y metales, fruto del trabajo del ebanista Moragas.

Los relojes de la Sala Rosa y del Hemiciclo

Uno de los relojes más antiguos que custodia el Congreso “es un reloj joya de la saga de maestros relojeros Le Roy ubicados en París”.

Este reloj representa el cuerno de la abundancia y está provisto de una esfera en esmalte sobre cobre convexo con enumeración romana.

En origen, simulaba un reloj producido en un gran bloque de oro, un llamativo efecto que se conseguía, nos explica José Daniel Barquero, pavonándolo con una amalgama compuesta de oro molido con mercurio. Un compuesto que, “al ponerse a altas temperaturas, evaporaba el mercurio y quedaba el oro impregnado simulando un lingote de oro”, nos explica José Daniel.

Estas emanaciones de mercurio provocaban graves daños a quienes trabajaban esta técnica, que solían morir muy jóvenes, motivo por el que llegó a creerse que el oficio de relojero era una profesión maldita.

Pero este no es el único reloj francés que conserva el Congreso. De hecho, en la Dirección de Estudios y Publicaciones de la Cámara nos encontramos con otro reloj de sobremesa que homenajea al león Hipómenes, felino que, junto a su pareja, Atalanta, protagoniza una trágica historia de la mitología griega.

Continuando el camino de José Daniel llegamos a la Sala de la Reina, donde podemos admirar el antiguo reloj del Hemiciclo. Se trata del reloj French Royal Exchange. Está lacado en blanco, tiene un péndulo en latón dorado e interpreta su sonería a horas y a medias.

Su esfera muestra una enumeración romana en esmalte negro. Si observamos los números podemos comprobar que el número cuatro ha sido dispuesto en este reloj con cuatro barras (IIII) en lugar de ser representado con una y una v (IV), la forma natural del cuatro en números romanos. Esta forma de representar la cifra no es casual, nos explica Daniel.

“Nos permite ver la hora sin temor a equivocarse, ya que, si la minutero tapara la barra que está delante del número cinco, el de la V, la gente podría pensar que son las cinco de la tarde, cuando en vez son las cuatro”.

Además, representarlo con cuatro barras facilita su comprensión ya que se lee igual tanto de derecha a izquierda como de arriba abajo.

En Europa “pocos relojes hay de madera de pared de este tamaño tan descomunal. Su esfera es del tamaño de la rueda de un reloj”. Su gran tamaño responde a la necesidad de que fuese visto desde cualquier escaño del Hemiciclo.

De hecho, es el primer reloj del que se tiene constancia documentada, a través de grabados y de los inicios de la fotografía, el que aparece este reloj perfectamente encastado en el Hemiciclo, siendo testigo mudo de la historia política de España.

Salón de Sesiones del Congreso de los Diputados

Este reloj fue sustituido por el reloj Jacob Kienzle, adquirido por el Congreso de los Diputados y que fue diseñado en los años 70 del pasado siglo para tener una hora “precisa y exacta”, precisión horaria que a través del cuarzo se conseguía sin necesidad de dar cuerda al reloj y con una autonomía de cuatro, cinco meses.

El diseño de la esfera se realizó en blanco para mejorar el contraste y asegurar una buena visibilidad prácticamente desde todo el arco del Salón de Sesiones. Situado en el centro del Hemiciclo, a los pies de la tribuna de honor situada frente a la Presidencia, este reloj ha sido y sigue siendo testigo y guía de los debates y sesiones solemnes que acoge la sede de las Cortes Generales.

 

Un espía en el Congreso

Carlos Coppel llegó a Madrid como un afamado relojero de origen alemán. Tenía en la capital una importante relojería para la que desarrolló una inteligente campaña publicitaria en la prensa de la época que le permitió cosechar la fama que requería acometer sus proyectos. Consiguió así ganarse la confianza del clero y la nobleza, haciendo de las familias de la alta sociedad sus principales clientes.

Anuncio en un periódico de los relojes de Coppel

Pero detrás de este relojero hay también una historia de espías. Y es que Coppel fue espía del segundo Reich alemán. Una vez que lograba vender e instalar sus relojes, y con la excusa de realizar periódicamente su mantenimiento, se introdujo en domicilios y palacios, también en el Congreso de los Diputados, no explica José Daniel.

El recorrido por los relojes del Congreso lo terminamos en el Salón de Pasos, donde descubrimos otro importante reloj del siglo XX de Jacob Kienzle. Tuvo otros antecesores que funcionaban a cuerda, pero dada la complejidad y peligrosidad de realizar esta acción prácticamente a diario, por la gran altura de la puerta sobre la que está instalado, se decidió sustituirlo por otro, también de cuarzo, del mismo maestro relojero que firma el del Hemiciclo.

Los ritmos de la Cámara Baja, sus idas y venidas, y la vida e historia parlamentaria han estado, están y estarán bailando al son de esta valiosa colección de relojes que hoy hemos conocido un poco más gracias a José Daniel. Os invitamos a descubrirla.

El libro ‘Los relojes del Congreso

Jose Daniel
Barquero Cabrero

2021, 569 págs.
(Tapa dura)

ISBN:
978-84-7943-558-5

Los relojes del Congreso de los Diputados’ detalla de forma minuciosa los orígenes, el funcionamiento y la belleza de los relojes adquiridos por el Parlamento a lo largo de los siglos XVIII, XIX y XX.

En el prólogo de la obra su autor destaca como misión fundamental de la misma “la difusión del conocimiento artístico de los relojes del Congreso y por supuesto un compromiso con la cultura el arte y las antigüedades de nuestro propio patrimonio y país.”

“Es mi deseo el poder plasmar con exactitud, una acción tan simple como lo es la de mirar el reloj mientras andas por el Congreso y consultar su hora en sus numerosas estancias, es tan aparente y trivial y es tan repetida, pero que, sin embargo, nos impone la conciencia sobre el ritmo de nuestra propia existencia. Todo ello, fruto de un largo trayecto repleto de investigaciones, cálculos y capacidad científica y creativa en la que han participado antes de darnos esa hora distintas ciencias e investigadores a lo largo de la historia”.

El libro se inicia presentando, de forma cronológica, las fichas de cada reloj, dotadas de las características técnicas en cuanto a su historia, autoría, maquinaria, tipo de esferas y agujas, entre otros aspectos.

Además, la obra muestra numerosas fotografías que no solo permiten contemplar cada pieza relojera, sino también los lugares en los que estas joyas se conservan: despachos, salas y pasillos del Congreso que, ya en sí mismos, son estancias con mucha historia y valor artístico.

‘Los relojes del Congreso de los Diputados’, con una introducción redactada por la presidenta del Congreso de los Diputados, Meritxell Batet, es, en definitiva, un análisis documental de la Ciencia Relojera y la medición del tiempo, necesidad que existe “desde que se tiene constancia por parte del ser humano de la importancia del mismo”.

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