Durante buena parte del siglo XIX, la imagen de los diputados no se capturaba, se interpretaba por la mirada del pintor.
Hoy, la comunicación política se construye en gran medida a través de imágenes que circulan de forma constante en redes sociales. Esta forma de comunicar, marcada por el audiovisual y la inmediatez, es el resultado de una evolución tecnológica que comenzó con la fotografía, que fue solo el primer paso hacia un modelo de comunicación política visual y digital.
En España, en el último tercio del siglo XIX, la fotografía no fue solo una innovación técnica, sino una revolución cultural que transformó la manera de ver, de representar y de entender el poder y las instituciones.
Esta imagen del Gobierno Provisional de 1869 es, quizá, la primera fotografía de los miembros de un Consejo de Ministros en España. Atribuida a Jean Laurent, muestra al presidente del Gobierno Juan Prim, acompañado de sus ministros, entre ellos, Sagasta, Serrano, Topete o Ruiz Zorrilla. En el interactivo podrás comparar sus fotografías y retratos
Con la aparición de la fotografía –presentada simultáneamente en París y Londres por Louis J. Mandé Daguerre y Henry Fox Talbot, respectivamente–, la pintura y los grabados –y su difusión impresa en una prensa cada vez más abundante– dejan de tener el monopolio para representar la imagen de las figuras públicas.
Esta tecnología reducía la intervención del artista: por primera vez, las imágenes ya no dependían de la pericia del pintor o dibujante ni de su interpretación subjetiva. Como se defendió en la época, “una imagen fotográfica es ante todo ‘verdad’, o mejor dicho, ‘verdad matemática’”.
No era solo una invención, sino también un descubrimiento: “la naturaleza reproduciéndose a sí misma a través de la luz”, el llamado “lápiz de la naturaleza”, como recuerda Bernardo Riego, en su artículo La fotografía en el imaginario liberal: tecnología, memoria y progreso, en el libro Sagasta y la imagen fotográfica de la revolución liberal.
No obstante, más allá de la representación fidedigna de la realidad, la construcción de un lenguaje fotográfico que permite expresar un mensaje, a través de elementos como la composición o el encuadre, fue poco a poco asumido no solo por los incipientes fotoperiodistas sino también por las figuras políticas, que vieron en la fotografía una forma de mostrarse cercanos a la ciudadanía.
La evolución del retrato político: de la pintura a la fotografía
Incluso los primeros retratos fotográficos heredaron esa manera de representación. Sin embargo, a partir de 1860, la fotografía empezó a cambiar. Se consolidó como un medio de comunicación visual y abrió la puerta a una nueva forma de representación más cercana, de la que Sagasta fue un pionero.
Este cambio no fue menor. Se convirtió en una práctica social cada vez más extendida: el retrato fotográfico, inicialmente reservado a las élites, fue abaratándose y permitió a la burguesía y a las clases medias representarse en un formato distinto al de la nobleza, más directo y personal. Son décadas en las que la fotografía se populariza y se extiende también como elemento informativo en las principales cabeceras de la prensa.
La generalización del retrato político en el primer tercio del siglo XX es el preludio de un cambio radical en la comunicación política donde la imagen y la persona adquieren cada vez más relevancia. Un cambio hacia la omnipresencia del audiovisual, que siguió avanzando con la consolidación de la televisión en los años 70 del siglo XX y con las redes sociales, ya en el siglo XXI.
La Galería de Presidentes del Congreso: un archivo del retrato político
En este interactivo podrás comparar las fotografías (cuando las hay) y los retratos de los presidentes del Congreso del siglo XIX.
La Galería de Presidentes del Congreso, que reúne un total de 72 retratos, sigue siendo mayoritariamente pictórica. Solo uno de ellos es una fotografía. Un dato que refleja cómo en el ámbito institucional la pintura sigue siendo reconocida como el medio más adecuado para retratar la autoridad.
¿Y qué nos cuenta esta Galería? Reúne a grandes políticos de nuestra historia parlamentaria, como Agustín Argüelles, Juan Álvarez de Mendizabal, Emilio Castelar, Antonio Cánovas, Práxedes Mateo-Sagasta, Eduardo Dato o José Canalejas, que han ocupado la Presidencia de la Cámara.
Y no solo a ellos, también es un auténtico catálogo de los mejores retratistas de cada momento: Ignacio Suárez Llanos, José Casado del Alisal y Federico de Madrazo, vinculados a la gran pintura histórica del siglo XIX, o Joaquín Sorolla, el pintor de la luz.
Y más recientemente, Bernardo Torrens, Cristóbal Toral o Hernán Cortés han retratado a algunos de los presidentes de nuestra democracia. Y junto a ellos, el retrato de Manuel Marín –presidente del Congreso en la VIII Legislatura–, obra de la fotógrafa Cristina García Rodero.
La Galería de Presidentes del Congreso resume más de dos siglos de evolución del retrato político en España. Sus retratos no solo conservan la memoria de quienes presidieron la Cámara, sino que muestran cómo ha cambiado la manera de representar el poder, desde la solemnidad del pincel hasta la inmediatez de la imagen fotográfica.
