«Dos palabras nada más, señores diputados, y aún dos me parecen muchas, palabra y media, media no más…»
Con esta frase comenzó su única intervención en la tribuna del Congreso de los Diputados Benito Pérez Galdós.
Pese al firme compromiso del escritor con la sociedad de su tiempo, que le llevó a ser diputado hasta en tres ocasiones, prefirió siempre el papel de cronista y observador de la sociedad española “como materia novelable”, como afirmaría en su discurso de ingreso en la Real Academia Española.
El escaso número de alocuciones que pronunció desde la tribuna de oradores es inversamente proporcional a su actividad literaria y como articulista, pues fue uno de los autores más prolíficos de su generación. En sus obras y crónicas retrató con maestría la España del siglo XIX y principios del XX, marcada por la inestabilidad política, las revoluciones y guerras carlistas, así como por la llegada de nuevas corrientes literarias y filosóficas, como el realismo, el krausismo, el positivismo o el liberalismo.
En las obras de Galdós podemos encontrar referencias no solo a figuras históricas, como los reyes Fernando VII, Isabel II o Alfonso XII, sino también a comerciantes, funcionarios, militares, artesanos, profesores y sectores marginales de la sociedad. Este amplio abanico de personajes enriquece las crónicas y artículos periodísticos de este periodo.
Galdós fue un maestro a la hora de encarnar en personajes ficticios la realidad social y política de su tiempo. Una actividad narrativa que combinó con su intensa labor periodística y como cronista parlamentario. Además, su cercanía con destacadas figuras históricas, como Cánovas del Castillo, Melquíades Álvarez o Pablo Iglesias, le permitió conocer de primera mano la política de su tiempo, en la que incursionó siempre desde su compromiso con los valores liberales y su defensa de la sociedad civil y la soberanía popular en detrimento del absolutismo.
Con este retrato de la figura de Galdós, en el que repasamos su vida, obra e influencia, continuamos nuestra serie de artículos dedicados a los cronistas parlamentarios de los siglos XIX y XX, entre los que el escritor canario ocupa un lugar preeminente, como uno de los autores más influyentes de su tiempo.
¿Quién fue Galdós?
Novelista, dramaturgo y articulista, Benito Pérez Galdós (1843-1920) nació en Las Palmas de Gran Canaria en el seno de una familia de clase media, como el menor de diez hermanos. Su amigo y también escritor Leopoldo Alas, Clarín, afirmaba que era un niño caracterizado por “la observación callada” y la “fantasía solitaria”, rasgos que después plasmaría en sus obras, tanto en sus personajes, que también poseían estas cualidades, como en su propio estilo realista y descriptivo.
Su delicada salud tuvo un impacto decisivo en su personalidad, ya que dedicaba buena parte de su tiempo libre a la lectura, el dibujo y la elaboración de piezas dramáticas. Además, la escasa socialización acentuó su carácter tímido, lo que no le impidió destacar desde sus primeros años escolares. De hecho, su incursión en el periodismo se produjo durante su etapa en el Colegio de San Agustín, cuando comenzó a colaborar con el periódico local El Ómnibus. Al finalizar sus estudios, en 1862, se trasladó a Tenerife para estudiar el Bachiller en Artes y, posteriormente, recaló en Madrid para cursar Derecho.
En la capital comenzó a acudir a las tertulias del Ateneo, donde se relacionaba con intelectuales y artistas de su tiempo. Como afirma el historiador Francisco Cánovas Sánchez, “al joven Galdós le llamaron la atención las conferencias de primeras figuras de la universidad y la cultura”, como Castelar, Ríos Rosas, o Echegaray, y en este entorno cultural y artístico fue cimentando su vocación literaria.
De articulista en “La Nación” a “Los Episodios Nacionales”
Pese a sus estudios en Derecho, los verdaderos intereses de Galdós se hallaban lejos de las ciencias jurídicas, y pronto aprendería el oficio de periodista gracias a sus colaboraciones en diarios como La Nación. Ente el más de centenar de artículos que publicó en este periódico se incluyen algunos de carácter costumbrista y de actualidad, como el que escribió tras ser testigo del pronunciamiento de los sargentos del cuartel de San Gil, en 1866.
Durante estos años viajó por Europa como corresponsal de prensa, lo que le permitió asistir a la Exposición Universal de París y entrar en contacto con el realismo y el naturalismo, corrientes literarias del momento representadas por autores como Balzac, Zola, Flaubert o Dickens, a quien llegó a traducir, y que dejaron una huella importante en su estilo narrativo.
En 1870 publicó su primera novela, La Fontana de Oro (1870), en la que reflejó el contexto ideológico de España durante el Trienio Constitucional (1820-1823). Poco después, en 1873, comenzaría su colección de novelas históricas Los Episodios Nacionales (1873-1912), formada por cuarenta y seis obras divididas en cinco series, que comienzan con la batalla de Trafalgar y terminan con la Restauración borbónica.
Entre 1875 y 1936 transcurrió la edad de plata de la cultura española, en la que Galdós desempeñó un papel protagónico. La publicación de La Fontana de Oro representa uno de los hitos que inicia literariamente esta etapa. El autor comenzó esta novela en 1868 inspirado por la revolución por la revolución Gloriosa que destronó a Isabel II, y dio paso a un periodo en el que el movimiento obrero y la pequeña burguesía adquirieron un gran peso político, en un convulso contexto marcado por la nueva monarquía de Amadeo I (1871-1873) y la I República (1874).
Durante estos años, los periódicos y revistas impulsaron una renovación ideológica y cultural, y Galdós, desde publicaciones como La Nación, Las Cortes o El Debate, que llegaría a dirigir, dejó patente su orientación política progresista, con su defensa de la Constitución de 1869. El autor defendió en sus escritos el proyecto democrático del general Prim, reflejado en esta Constitución y siempre se mostró proclive a conferirle un mayor poder a la sociedad civil, en detrimento de los privilegios de la Iglesia, en sintonía con su defensa de la libertad de creencias, la libertad de los intercambios comerciales y su firme denuncia de la esclavitud en América.
El desenlace del Sexenio Democrático y la Primera República y la llegada de la Restauración borbónica provocó en Galdós un gran desencanto, que le llevó a distanciarse de la política y enfocarse en la escritura. El retrato que ofrece en sus novelas de la época de la Restauración concuerda con su visión de la misma como una época de “estancamiento político”, como afirmaría años después en tribuna pública.
Diputado por Puerto Rico y representante en las filas republicanas
Su cercanía con dirigentes políticos de la época, la reputación que se labró como literato y su compromiso social le valieron para conseguir el acta de diputado por Puerto Rico en 1885. Hasta el año 1890 ocupó su escaño por el partido de Sagasta, siendo reelegido en 1890. Desde el Congreso de los Diputados continuó observando “la sociedad española como materia novelable”.
Posteriormente se incorporó a las fuerzas políticas republicanas, siendo elegido como representante de éstas por Madrid en las Cortes de 1907. Pese a esta incursión en la vida parlamentaria, Galdós no se veía realmente como un político, y pronto se alejaría de este ámbito para dedicarse de nuevo a su auténtica vocación: la escritura.
En sus últimos años, la pérdida de visión y las dificultades económicas que atravesaba provocaron que padeciera penurias impropias de una persona de su posición. La gran popularidad del escritor quedó patente tras su fallecimiento en 1920, cuando miles de madrileños acudieron al madrileño cementerio de La Almudena para despedirle.
A día de hoy, Galdós es reconocido como uno de los grandes narradores de la historia de España, y como el autor que mejor retrató la vida de la capital del durante el siglo XIX y principios del XX, desde el Madrid cortesano hasta el de las clases medias y trabajadoras. Esta habilidad se debía, en gran medida, a la capacidad de observación que desarrolló desde su infancia, y que le permitió ser un testigo privilegiado de los cambios y revoluciones sociales de este periodo.
El estilo de Galdós: la novela como imagen de la vida y de la sociedad
La nueva situación democrática que alumbró la revolución de 1868 propició un contexto de libertad que fue de la mano de una renovación literaria en la que Galdós desempeñó un papel protagónico. La gran prioridad, para el autor, es el retrato de la nueva clase media, a la que consideraba la principal impulsora de las transformaciones sociales.
En línea con el naturalismo, Galdós buscó ante todo la verosimilitud del relato y brindar al lector multitud de detalles. En sus obras aparecen reflejados temas como la hipocresía, el clericalismo, la ineficiencia de la administración pública, la incapacidad de las élites dirigentes o la injusticia. En su acto de ingreso en la Real Academia Española, en 1897, aseguró que “imagen de la vida es la Novela, y el arte de componerla estriba en reproducir los caracteres humanos”.
Tal y como apuntó María Zambrano, el autor de Los Episodios Nacionales es “el primer escritor que introduce a todo riesgo las mujeres en su mundo”, con multitud de protagonistas femeninos en sus obras, como ocurre en doña Perfecta (1876), La de Bringas (1884), Fortunata y Jacinta (1887) o Tristana (1892).
Gracias a su labor periodística y su posterior etapa como diputado pudo conocer de primera mano la sociedad y la política de su tiempo. Esta conciencia crítica y social, sumada a su profundo conocimiento del ser humano, le permitieron aproximarse a las tendencias de la novela moderna, con obras centradas en el análisis psicológico de los personajes, siguiendo el estilo de autores como Dostoievski.
Además, gracias a sus viajes como corresponsal pudo familiarizarse con las corrientes literarias del momento en Europa, como el realismo y el naturalismo. La Real Academia de la Historia apunta que “la lectura parisina de Balzac cruzada con la de Dickens le decidió a escribir novela”. En su obra también es posible reconocer el estilo de autores como Émile Zola, concretamente en la que está considerada como su primera obra maestra La desheredada (1881. Esta obra fue reseñada por el escritor Leopoldo Alas, Clarín, quien destacó de ella el uso del monólogo interior y el giro que representaba hacia una mayor profundidad psicológica.
Benito Pérez Galdós, por Ricardo Martínez
La caricatura de Benito Pérez Galdós, firmada por el dibujante chileno Ricardo Martínez, está presente en la colección de dieciocho retratos de cronistas parlamentarios que se exhiben en el Congreso de los Diputados junto a la Sala de Prensa. Este cuadro está realizado con la técnica del “Scartchboard”, una forma de grabado donde el artista raspa tinta oscura para revelar una capa blanca o de color. A su manera, Galdós también fue un retratista que ofrecía pinceladas sueltas de los rasgos físicos y morales de unos personajes que encarnaban los conflictos sociales y políticos la sociedad española.
Hijo de españoles y chileno de nacimiento, Ricardo Martínez emigró en 1969 con su familia a Madrid. En la capital comenzó su actividad gráfica, que combinó con estancias en Miami, donde fue ilustrador en la revista Miami Herald. De vuelta en España, publicó las historietas de Goomer, primero en El País y más tarde en El Mundo. Desde el 2002 ha trabajado como viñetista en solitario. Entre las distinciones que ha recibido, destaca el Premio al Humor Gráfico del Club Internacional de Prensa o el Haxtur de Humor Gráfico. Con la película Goomer obtuvo en 1998 el Goya al mejor largometraje de animación.
