Han pasado 172 años entre estas dos fotos y la ciudad es otra, pero el tiempo parece no haber pasado por los edificios emblemáticos de la Carrera de San Jerónimo. La imagen original fue capturada por Charles Clifford en 1853 y nos transporta a una Madrid que ya no existe, una ciudad entre el pasado barroco y los primeros atisbos del progreso liberal del siglo XIX. Desde una altura privilegiada, oteamos la Carrera de San Jerónimo en calma y en primer plano la imponente fachada del recién inaugurado Palacio del Congreso de los Diputados.
La sede parlamentaria, terminada apenas tres años antes, en 1850, aparece majestuosa, con su pórtico de seis columnas corintias y su tímpano clásico, sin signos de desgaste. En sus escalinatas ya descansan dos leones, pero no los célebres de bronce que hoy custodian la entrada. Los que vemos son los primeros que se colocaron, realizados en yeso y encargados al escultor Ponciano Ponzano, autor también del pórtico. Frente a ellos podemos ver dos grandes farolas que custodiaban las escalinatas. Probablemente fuesen de gas y de hierro forjado, ya que en Madrid se comenzó a instalar este alumbrado en 1846.
Flanqueando el Congreso se alinean edificios bajos, de dos o tres alturas, con tejados de teja árabe, balcones de rejería y una sobriedad propia de la arquitectura madrileña previa al ensanche. Muchos de estos edificios desaparecerían con las reformas urbanísticas de finales del XIX y principios del XX. No hay carteles publicitarios, ni marquesinas, ni rastro de los emblemáticos hoteles Ritz y Palace, a los que aún les quedaría más de medio siglo para su inauguración. La calle es un amplio paseo de tierra apisonada, atravesado por una hilera doble de árboles jóvenes que apenas proyectan sombra. Se respira una tranquilidad difícil de imaginar hoy, una especie de pausa.
Al fondo, el paisaje se abre casi sin interrupciones. La fuente de Neptuno está oculta por los edificios detrás del Congreso, ya que hasta finales del siglo estuvo en mitad del paseo de Trajineros, cuando fue trasladada al centro de la plaza de Cánovas del Castillo, como se ve en la foto actual. En el horizonte, donde hoy se alzan bloques y avenidas, se extienden los campos y árboles del Parque del Retiro, que todavía era una zona de recreo para la Corona.
También se distingue la iglesia de San Jerónimo el Real, envuelta en andamios ya que dos años antes comenzaban las obras para levantar las torres que la adornan, curiosamente como ahora, ya que se está sometiendo a unas obras de restauración. A la derecha del templo, el Museo del Prado, entonces conocido como el Museo Nacional de Pintura y Escultura.
No hay coches, ni tranvías, ni siquiera carruajes. Tampoco se ven personas. Es otro Madrid. En 1853 la Carrera de San Jerónimo era aún un lugar de tránsito tranquilo, un pasillo entre el Congreso y el parque, ajena al bullicio. En 2025 esta calle es una arteria principal de la capital, siempre activa, siempre despierta y siendo testigo de la actualidad parlamentaria.
