Una litografía impresa en la Monumental Historia de la Villa y Corte nos transporta al Madrid de 1864, concretamente a su Carrera de San Jerónimo. Hacía ya más de una década que se alzaba allí el Palacio del Congreso, sede parlamentaria desde su inauguración en 1850.
La escena refleja el ambiente urbano de la época, un Madrid que entonces se recorría por calzadas de arena sin asfaltar. La autoría de la obra se atribuye al dibujante José Cebrián García, quien participó en este ambicioso proyecto editorial en sus inicios.
La publicación, dirigida por José Amador de los Ríos entre 1860 y 1864, reúne numerosas estampas dedicadas a los monumentos más representativos de la ciudad, lo que la convierte en una de las fuentes gráficas más valiosas para conocer el Madrid decimonónico.
La estructura del Palacio apenas ha variado con el paso del tiempo, aunque ciertos detalles permiten situar la escena en un momento muy concreto de su historia. Quienes transitaban por la Carrera de San Jerónimo podían contemplar la entrada del Congreso custodiada por los pequeños leones diseñados por José Bellver. Este rasgo resulta revelador, ya que sitúa la imagen antes de 1865, año en que dichas esculturas fueron sustituidas por segunda vez.
En una primera fase, en 1851, las esculturas que flanqueaban la puerta del Palacio se encargaron al escultor aragonés Ponciano Ponzano. Debido a la falta de presupuesto, se realizaron en yeso, un material poco resistente que pronto evidenció su fragilidad frente a las inclemencias del tiempo, lo que obligó a reemplazarlas al poco de su instalación.
La segunda pareja de leones la esculpió José Bellver y es la que se refleja en la litografía de Cebrián. Lo curioso es que a diferencia de los actuales, los leones de Bellver se miraban entre sí, un detalle que facilita su reconocimiento en la litografía.
Estas esculturas fueron objeto de numerosas críticas: su reducido tamaño llevó a muchos contemporáneos a calificarlas de “pequeñas” o poco imponentes para la solemnidad del edificio.
Aquella percepción contribuyó a que, apenas unos años después, fueran sustituidas por unas nuevas figuras que se volvieron a encargar al escultor de la corte, Ponzano, al que se le dio bronce extraído de cañones de la guerra de África. Las esculturas se instalaron en 1872 y son las que en la actualidad rematan el pórtico neoclásico de la sede parlamentaria.
El entorno del Palacio del Congreso a mediados del siglo XIX
Otro elemento que evidencia el paso del tiempo es la antigua calle que precedía al actual Patio de Floridablanca. En la época representada, esa vía marcaba el límite del Palacio de las Cortes.
Hoy, ese espacio lo ocupa la Ampliación I, resultado de las sucesivas transformaciones que han adaptado el conjunto a las necesidades institucionales contemporáneas.
También destacan las esbeltas farolas situadas frente a los leones, que reforzaban la simetría de la escalinata principal.
A través de estos pequeños detalles, la escena de Cebrián permite asomarse a un instante preciso del Madrid del siglo XIX y observar cómo, aunque el edificio mantiene su carácter monumental, la ciudad que lo rodea ha ido transformándose con el paso del tiempo.
