Cuando Narciso Pascual y Colomer proyecta un nuevo edificio para acoger la sede parlamentaria –que este 31 de octubre cumple 175 años- diseña un espacio imponente de estilo neoclásico que reúna a los representantes de la soberanía, al Poder Legislativo.

Pero su idea trasciende lo arquitectónico y alberga también un programa decorativo que contempla pintura, artes decorativas y, también, esculturas. Piezas de “primera categoría, a la altura de los grandes parlamentos europeos”, como nos explica Leticia Azcue, jefa de la Colección de Escultura desde 1700 y Artes Decorativas del Museo del Prado.

Un recorrido por las estancias del Palacio de la Carrera de San Jerónimo muestra la omnipresencia de la escultura como elemento decorativo e iconográfico, ya que son “bellas obras y también un lenguaje simbólico” que sirve para difundir las ideas políticas liberales.

Desde la fachada hasta el Hemiciclo, todos los espacios cuentan con ejemplos de gran calidad: el frontispicio y los leones de bronce de la fachada principal, la estatua de Isabel II en el Vestíbulo, los bustos de parlamentarios en el Salón de los Pasos Perdidos y en la Galería del Orden del Día y los Reyes Católicos que presiden el Hemiciclo.

Las esculturas en el Congreso son obras neoclásicas “a la altura de los grandes parlamentos europeos”.

El Frontispicio: España abrazando la Constitución

Es uno de los conjuntos escultóricos más importantes del siglo XIX español. Obra del escultor aragonés Ponciano Ponzano, lo compone un planteamiento protagonista en el centro de la composición: España abrazando la Constitución, representada por “una matrona, a la romana, majestuosa que está abrazando a una joven que lleva la Constitución”, enmarcadas por otras dos figuras importantes: la Fortaleza y por la Justicia.

Esta clave del mensaje, España y su Constitución, se completa con otro clásico del liberalismo, la idea de Progreso, “desde todos los puntos vista: el mundo científico, el mundo de las Artes, el mundo de la Economía…”

Así, dentro de las Ciencias aparecen por un lado “la Astronomía, con una gran esfera y con un instrumento de medición; la Poesía, que representa a la inspiración y las Matemáticas” y en la otra parte, las Bellas Artes: “la Arquitectura, presidiendo de pie: y sentadas, la Escultura y la Pintura”.

Junto a estas alegorías también se muestran la Paz y la Abundancia, llena de frutos, “como ejemplo claro de la idea de progreso”. Una idea que se alcanza a través del Comercio, representado por el dios Mercurio, con el pétaso y las alas, y una referencia al Mar y a los Ríos, “porque son los caminos del Comercio y los caminos que benefician el progreso de España”.

España abrazando a la Constitución «es uno de los conjuntos escultóricos más importantes del siglo XIX»

Los leones de bronce: fuerza y estabilidad

La decoración escultórica de la fachada del Congreso se completa con otras figuras muy reconocibles, que no siempre estuvieron ahí. Los actuales leones que flanquean la escalinata son sucesores de otras ideas previas.

Cuando se inaugura el Palacio, se ubicaron dos farolas, “que no daban el empaque suficiente” a la sede parlamentaria, por lo que se “planteó poner dos leones”, dos animales que simbolizan “el poder, la estabilidad y la inmutabilidad” del propio edificio.

No obstante, hasta llegar a los actuales, aun debemos esperar un poco. Se les encarga a Ponzano, y “al no haber dinero para la fundición”, ejecuta “dos leones en escayola, patinada con betún de judea” para imitar el bronce. Con la lluvia y otras inclemencias meteorológicas las figuras se deterioran y se deciden sustituir por otra pareja.

Se le encarga unos leones en piedra a José Bellver. Y surgieron de nuevo problemas, esta vez por el propio diseño, “pequeños en proporción con la fachada” y “sin una expresión feroz, son unos leones demasiado tranquilos”.

Después de este periplo, llegan los actuales leones fundidos en bronce, obra de nuevo de Ponzano. “Está documentado, que Ponzano trabaja en Madrid y cuando ya tiene el modelo hecho lo embala y los manda a Sevilla a fundir”. El resultado está concluido para 1866, pero no se colocarán hasta 1872.

«Los leones son animales que simbolizan el poder, la estabilidad y la inmutabilidad del propio edificio».

Isabel II: elegancia y perfección técnica

Cruzamos la puerta principal del Palacio y nos adentramos en el Vestíbulo de la Reina o de Isabel II, así denominado por la majestuosa escultura de la monarca que puso la primera piedra del edificio en 1843 y que también lo inauguró en 1850.

Es “una de las grandes obras” de José Piqué i Duart, y “un resumen de lo que será la escultura por excelencia a mitad del siglo XIX”. De “porte soberbio”, cumple todas las características de la obra de un escultor de cámara: “la absoluta perfección técnica, la severidad, el clasicismo y, sobre todo, un acabado con una minuciosidad que era muy valorada”.

La escultura, hecha en mármol de Carrara, comparte detalles con las versiones fotográficas o pictóricas de la Reina vestida de gala. “Solía portar las joyas de pecho, unas joyas imponentes”, pero que aquí son de otro tipo llamadas “ en tremblantes”, unas piezas hechas con unos resortes que permitían su movimiento a la par que el de la persona, creando una sensación muy llamativa con la luz.

La obra estuvo en la Biblioteca Nacional entre 1931 y 1982, institución que ya contaba con una primera versión del autor, “una hermana” con diferencias notables. “Cambian en el peinado, en el escote, en la posición del pie…”. Y sobre todo en la edad, “aquella es más joven, y ésta está en Majestad, más adulta”.

“La escultura de Isabel II resume la perfección técnica y el clasicismo del siglo XIX.”

Los Reyes Católicos: unidad e historia

“Todos los días vemos en los informativos televisivos” dos esculturas que presiden el testero del Salón de Sesiones y representan a Isabel de Castilla y Fernando de Aragón.

El primero es obra de José Panucci y Zumel, y el segundo de Andrés Rodríguez, dos escultores que fueron pensionados en Roma en 1848, donde se hicieron amigos y desde entonces “ejecutaron muchos encargos juntos”.

En estas esculturas encontramos de nuevo un claro simbolismo, la posición principal de los Reyes Católicos en el salón de sesiones habla de “la unidad de España y de la representación de todos los territorios”.

Las esculturas, realizadas entre 1860 y 1862, destacan por sus vestimentas: “se documentaron para que la indumentaria respondiera fielmente a la que llevaban realmente”.

Además, son esculturas de gran tamaño, 282 centímetros de alto y completamente macizas. “Al principio incluso se preocuparon de que resistiera el peso y en los primeros tiempos no las subieron a las hornacinas, las dejaron en las esquinas, en la parte de abajo del Hemiciclo, y a principios del siglo XX ya se colocaron en las hornacinas y ahí siguen presentes, recordándonos la historia de España”.

“Las figuras de los Reyes Católicos evocan la unidad de España y su historia común.”

Las Cariátides: alegorías del progreso

En la parte superior del testero del Salón de Sesiones, por encima de los Reyes Católicos se observan cuatro cariátides. Sabino de Medina, como parte del programa iconográfico del edificio, crea las alegorías de la Marina, la Agricultura, las Ciencias y el Comercio.

“En principio solo se le encargaron dos. Si uno se fija con detalle, están replicadas dos y dos”. Son modelados en escayola con cuerpo de mujer vestidas a la romana con ropas más respetuosas que los peplos de paño mojado, dos con el peinado trenzado por los hombros y dos por delante del pecho. En total son cuatro piezas que destacan por “la forma tan bien estudiada en la manera de trabajar los volúmenes”.

Los bustos de parlamentarios: reconocimiento político

A partir de 1862 el Congreso, para dar reconocimiento a grandes figuras del parlamentarismo, comienza a encargar un conjunto de bustos a los escultores más importantes del momento. En principio se adquieren los cuatro que decoran las esquinas del Salón de los Pasos Perdidos. “Todos tienen una unidad, hechos a la clásica, a la romana, con sensación de presencia, de gran calidad”.

Casi todos son obra de escultores que ya habían realizado trabajos para la Cámara. El busto de Martínez de la Rosa es obra de Ponciano Ponzano; el Conde de Toreno, de José Piquer; Argüelles fue ejecutado por Sabino de Medina, y Mendizábal fue esculpido por José Grajera.

La idea de representar a los grandes parlamentarios continúa a lo largo de los años y en la Galería del Orden del Día se colocarán los bustos de seis presidentes del Congreso en el último tercio del siglo y el primero del XX: Agustín Argüelles, Práxedes Mateo-Sagasta, Antonio Cánovas del Castillo, Cristino Martos, Melquiades Álvarez y Julián Besteiro.

“Creo que destaca, por naturalidad, realismo y verosimilitud, el retrato de Sagasta”, obra de Mariano Benlliure, uno de los grandes escultores del cambio de siglo. “Sagasta fue su amigo, posó mucho para él y estaba tan satisfecho de su retrato que decía que si algún día le veían esa cabeza puesta sobre su cuello sabrían perfectamente que es él y que está con vida”.

“Los bustos de parlamentarios ilustres reflejan el reconocimiento al legado político.”

 

Bajorrelieve de Castelar: técnica y homenaje

“Y ya por último, quiero regresar al Salón de los Pasos Perdidos para hacer mención concreta al bajorrelieve dedicado a Emilio Castelar, obra también de Mariano Benlliure, un valenciano que dominó realmente la técnica y todos los materiales”, indica Azcue.

“Recibió en 1899, al morir Castelar, el encargo de varios parlamentarios que querían homenajear a este gran orador, político y parlamentario”. En su obra combina el bronce y el mármol. Coloca en el centro un medallón “con un retrato perfecto de Castelar” y lo enmarca con dos escenas: “a un lado es la representación de la vida de España, del Comercio, de la Industria… y en el otro, hace un guiño al Arte y a la Filosofía, con retratos como los de Velázquez, Goya y otros pintores”.

Las artes al servicio de la historia

“El Congreso realmente es el resumen de lo que fueron las artes a mitad del siglo XIX, todas las artes están representadas”.

Como apunta la experta del Museo del Prado, “tenemos un gran edificio desde el punto de vista arquitectónico, las mejores pinturas y, por supuesto, también la mejor escultura y las artes suntuarias. Los artistas más representativos dejaron su huella y transmitieron su obra a las siguientes generaciones”. 

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