La Guía de Madrid es una publicación del periodista, urbanista y político Ángel Fernández de los Ríos que fue editada en 1876 y que en sus 813 páginas contiene planos y vistas de Madrid, así como información sobre topografía e historia, descripciones de espacios y edificios públicos.
Para ese viandante, tal vez, sea una sala más, adornada con bellas obras y esculturas, pero para quien conoce el funcionamiento parlamentario este espacio adquiere un especial significado. Era y es un punto de encuentro y reunión donde se conversa y se negocia. Es, literal y metafóricamente, la antesala del hemiciclo.
¿De donde viene el nombre de los Pasos Perdidos?
Si bien hay diversas historias sobre el origen de este nombre, es cierto que hoy en día muchos de los parlamentos decimonónicos tienen un salón así denominado. Puede ser que este nombre sea herencia de nuestros vecinos franceses. El nombre “Salle des Pas Perdus” era usado por los arquitectos para referirse a todos aquellos espacios que podían albergar a un gran número de personas. No está claro si fue en el siglo XVIII, en el Parlement de Paris, o ya en el Palacio Borbón durante la Restauración de 1814 cuando se aplica por primera vez este nombre para referirse a una sala de los edificios con funciones legislativas.
Pero volvamos sobre nuestros pasos hasta 1876. El viandante, sin necesidad de cruzar la Puerta de los Leones puede saber, a través de la descripción de la Guía que la luz que entra por la lucerna de la bóveda inunda la sala y permite ver los “veintiocho medallones pareados que ya contienen en su mayor parte los bustos de nuestros más célebres oradores y publicistas contemporáneos”.
Además, la Sala alberga representaciones pictóricas de los antiguos reinos de España y de los ríos que articulan el territorio. En el centro una mesa estilo imperial tallada en caoba y ágata concentra todas las miradas de los que pasan por la sala. También se observan el reloj que marca el tiempo sobre la puerta Norte que da acceso a la Galería del Orden del Día, los bustos en mármol de estilo neoclásico que protegen las cuatros esquinas y las dos lámparas que iluminan este espacio. Elementos todos que aún permanecen en su sitio.
Un espacio para ayer y hoy
Hoy día el Salón de Pasos Perdidos sigue cumpliendo con su función de espacio de encuentro y diálogo informal para sus señorías. Pero también es un lugar que acoge una buena parte de la actividad institucional de la Cámara como es, entre otra, las visitas de jefes de Estado, de presidentes de parlamentos y de organismos internacionales, que sobre la mesa de caoba, firman en el Libro de Honor; la toma de posesión del Defensor del Pueblo, de los consejeros del Tribunal de Cuentas, de los vocales y del presidente de la Corporación RTVE o del Consejo de Seguridad Nuclear,; y cada año el 6 de diciembre, la celebración del Día de la Constitución.
Han pasado los años y si bien el trabajo parlamentario se desarrolla en buena parte en salas de los edificios parlamentarios aledaños al Palacio, durante las Sesiones Plenarias el Salón de los Pasos Perdidos sigue escuchando los saludos, las voces y las conversaciones de sus Señorías. En este salón, ayer y hoy, los pasos nunca se pierden: siguen marcando el ritmo de la vida parlamentaria.
