El Congreso es uno de esos lugares en los que todo tiene sus tiempos: tiempo para intervenir, tiempo para presentar enmiendas, tiempo para votar… Por eso, aunque ahora los teléfonos móviles y las pantallas de los relojes inteligentes marcan el paso de los minutos, los relojes siguen jugando un papel determinante en el Parlamento.
Gracias a los más de 70 relojes del Congreso, podemos recorrer tres siglos de historia que unen arte con técnica y ciencia. Pero no sería posible hacer ese repaso sin la labor de Alberto Vélez, el relojero de la institución.
Como ya explicamos en Fuera de Agenda, Vélez repasa estas piezas cada viernes, dando cuerda a los mecanismos y engrasándolos cundo es necesario. Sin embargo, hay trabajos más laboriosos que requieren intervenciones más profundas. Hoy le acompañamos en una de ellas.
En concreto, asistimos a la última fase de la reparación del reloj de pared que, en un primer momento, daba la hora en el Hemiciclo y que ahora está situado en el Salón de la Reina del Congreso.
Este reloj French Royal Exchange destaca por su gran tamaño (su caja de estilo victoriano mide 110×80 cm, “unas medidas extremadamente grandes e inusuales para un reloj de pared”), y tiene una maquinaria inglesa de ocho días cuerda con un sistema de llave y transmisión de cadena.
“Dentro de las revisiones periódicas que hacemos”, explica Vélez, “notábamos que la maquinaria acababa produciendo paradas reiteradas”. Entonces se valoró hacer una puesta a punto más detenida: “Cada 15 o 20 años suele ser necesario hacer una intervención más profunda, como es este caso”.
Los trabajos se han dividido en tres etapas, que el relojero Vélez nos explica en el vídeo.
Imagen del Hemiciclo donde se puede observar, a la derecha, el reloj restaurado. (VN-04560_Archivo Ruiz Vernacci. Fotógrafo: Jean Laurent. Fecha: entre 1868 y 1872).
La primera fase consistió en bajar tanto la maquinaria del reloj como la esfera y, posteriormente, la segunda fase se desarrolló en el taller: “Hubo que desmontar la máquina por completo, hacer engrases, limpiar con líquidos adecuados…”.
Y la tercera fase volvió a desarrollarse en la Cámara Baja, justo mientras Vélez nos atendía: “La tercera fase, que hacemos hoy, consiste en que, una vez revisado el reloj en el taller, hay que montar la esfera, las manillas y la máquina en el mismo conjunto y subirla a la caja de la pared de la Sala de la Reina”.
Ahora que el reloj ha regresado a su ubicación, regresan también los trabajos semanales para darle cuerda y las labores de engrasado y mantenimiento habituales. El tiempo sigue pasando, y los relojes del Congreso lo siguen contando.
