Isidoro Fernandéz Florez, Fernanflor (Madrid, 1840-1902) fue un escritor, periodista y académico de la RAE que revolucionó el panorama de la prensa española al unir, de manera innovadora para la época, periodismo y literatura.

“Ser periodista es serlo todo y no ser nada”. Así definió Fernanflor la profesión periodística ante la Real Academia Española en 1898, como parte de su discurso de toma de posesión como académico. Un discurso que dedicó a “La Literatura de la Prensa”:

Como soy periodista, discurriré sobre la Literatura de la Prensa, evitando un estudio serio de este difícil asunto; porque la índole de mi profesión de mi genio no lo consiente. Haré, pues, una larga crónica, no un breve discurso.

Después de repasar la vida de José María Blanco-White, que analizaba con tono crítico las costumbres españolas y británicas mediante sus textos; tras recordar el impacto de Fermín Caballero como político polifacético, geógrafo y director de un periódico liberal; de repasar la genialidad satírica de Mariano José de Larra y de conocer la figura de Ramón de Campoamor, que utilizó la prosa para describir la política española a modo de crítica satírica; en Fuera de Agenda nos centramos en Fernanflor, el cronista parlamentario que introdujo la literatura en las páginas de la prensa española del siglo XIX y que comenzó firmando bajo el seudónimo “Un Lunático”.

Fernanflor y el periodismo

El Diccionario biográfico español explica que Fernanflor “quiso ser marino, pero le atrajo la literatura y llegó a la prensa”, y todas las crónicas recogen que sus aficiones fueron más literarias que políticas. Estudió la enseñanza secundaria en el Instituto San Isidro de Madrid e ingresó en la Armada, aunque no tardó en cambiar las armas por la literatura y el periodismo.

Junto con Manuel Araús comenzó a colaborar en El Imparcial, el diario fundado por Eduardo Gasset en 1867. Firmaba como “Un Lunático”, aunque finalmente acabó empleando el conocido seudónimo Fernanflor, con el que unía sus dos apellidos.

Como explica Ángeles Ezama, Fernanflor fue un periodista respetado, y sus propios compañeros lo calificaban como culto, ingenioso, inimitable, elegante y original. Junto con El Imparcial, sus textos se pudieron leer en La Ilustración de Madrid (1870-1872), El Liberal (de 1880 en adelante), La Ilustración Ibérica (1884) y La Opinión (1877-1888).

Para ser periodista no se necesita en realidad más que un rimero de papel y una caja de plumas. Después, hablar como persona civilizada y participar de las pasiones, de los errores y de las virtudes de todo el mundo.

El vocablo exquisito, la colocación sabia de las palabras, la percepción de la belleza, el arte de los efectos no se improvisan. —De todos modos, ni aun ducho ya el periodista en las habilidades del oficio podrá escribir como maestro; no se le pide que escriba bien; se le advierte que escriba pronto.

En este contexto, en el que las innovaciones técnicas y el nacimiento de la prensa liberal obligaban a los periodistas a escribir cada vez más rápido (El Imparcial fue el primer diario español en emplear una rotativa), Fernanflor nunca se limitó a narrar la realidad, sino que trabajó para crear textos interesantes, amenos y que mostraban lo que sucedía a través de su ingenio.

Antonio Sánchez, ante el inminente ingreso de su colega Fernanflor en la RAE, escribió en La Ilustración Ibérica:

Así como el inolvidable, el laboriosísimo don Manuel María Santana, fundador de la Correspondencia de España, fue, entre nosotros, el inventor del periodismo a la moderna, de la información como base del periodismo, Isidoro Fernández Flores [sic] ha sido el iniciador de la literatura en el periodismo.

Fernanflor también se dedicó, de forma tangencial, a la política, militando en las filas republicanas. En 1872 llegó a ser gobernador de Guipúzcoa, aunque terminó rechazando cualquier cargo parlamentario para dedicarse de lleno al periodismo y a la escritura.

Fernanflor y la prensa literaria

¡Si el culto de la lengua patria debe de ser acto de verdad y de honor para todos, más debe de serlo para los que, como los literatos y los periodistas, vivimos de ella!

Este culto a la lengua y al estilo es lo que llevó a Fernanflor a revolucionar el periodismo español. En un primer momento, desde El Imparcial se impulsó la publicación de La Ilustración de Madrid, dirigida también por Eduardo Gasset. Este periódico quincenal, del que Fernanflor era su redactor principal, “hacía en cada número un balance de la quincena pasada y se abordaban los asuntos más sobresalientes, pero con voluntad sobre todo informativa”, recoge Jesús Rubio. Sin embargo, estas informaciones iban acompañadas también de semblanzas de políticos, junto con sus retratos grabados.

Además, La Ilustración de Madrid envió a Fernanflor a cubrir la guerra franco-prusiana, y sus textos se publicaron junto con un gran despliegue gráfico para el que también trabajaron los grandes dibujantes de la publicación.

Ya desde El Imparcial, creó, en 1874, la primera publicación literaria ligada íntegramente a un periódico de información: Los Lunes del Imparcial. En un momento político propicio para el desarrollo de la prensa, Fernanflor apostó por un nuevo concepto de prensa: la de complementar la información política con un contrapeso literario, algo que rápidamente se trasladó al resto de redacciones.

Los Lunes del Imparcial cambió el modo de relacionarse que tenían el periodismo y la literatura: “No se trata ya sólo de la inserción de textos literarios en publicaciones de carácter misceláneo donde lo ficticio tiene una parcela reservada (el término literatura está en su título), y que puede ser calificada como «prensa literaria», ni tampoco de la salida del folletín, habitual en los diarios desde las primeras décadas del siglo, sino de la consideración exclusiva de la literatura como un producto capaz de atraer nuevos lectores en la cada vez más fuerte prensa diaria”, recoge Marta Palenque.

Y ese modelo pronto empezó a crecer, en parte, por los propios avatares políticos y periodísticos de la época. Tal y como se describe en el Diccionario biográfico español, cuando Eduardo Gasset, como ministro de Ultramar, se pronunció en contra de la abolición de la esclavitud en Puerto Rico, tanto el director del periódico, Aarús, y Fernández Flórez se opusieron frontalmente.

Parece que esto provocó el despido fulminante de Araús de la dirección del diario, y lo que llevó a que, junto con Fernanflor, fundase en junio de 1879 El Liberal, de orientación republicana.

El nacimiento de este nuevo diario vino acompañado de Los Lunes de El Liberal, donde trasladó el estilo y los contenidos de Los Lunes de El Imparcial, aunque al año siguiente pasó a llamarse Entre Páginas y pasó a publicarse los miércoles y los domingos.

Allí creó una sección dedicada a la narrativa breve: Cuentos ajenos, Cuentos propios Cuentos chicos; y una sección de crónica, donde colaboraron Emilia Pardo Bazán, Eusebio Blasco, Gómez Carrillo, Joaquín Dicenta, Antonio Palomero, Antonio Zozaya y Juan Valera.

Fernanflor y los cuentos

Como explica Ezama, la labor periodística de Fernanflor revela hasta qué punto formas de literatura periodística como el cuento y la crónica son permeables a las influencias de otras modalidades literarias con las que conviven en las páginas de la prensa, con los consiguientes fenómenos de contaminación entre ellas.

En 1900 organizó los famosísimos concursos de cuentos de El Liberal y formó parte del jurado junto con José Echegaray y Juan Valera. También trabajó la narración en formatos breves en obras como Cuentos rápidos, que se publicó en 1886. El término cuento se interpreta aquí como «texto (en prosa) que cuenta algo». Eso sí, son cuentos rápidos, porque, como los define el propio Fernanflor, fueron:

Rápidamente escritos; ¡su destino era ser rápidamente leídos y rápidamente olvidados!

Después de su muerte, José Echegaray y Benito Pérez Galdós prologaron dos volúmenes con recopilaciones de sus artículos (1903-1904). En 1907 vio la luz Periódicos y periodistas, también una reunión de artículos. El Ayuntamiento de Madrid le homenajeó dedicándole una calle en las inmediaciones del Congreso de los Diputados.

Sus reflexiones sobre la profesión periodística, la defensa de la formación y del estilo del profesional de la notica y su concepción de la literatura impregnan su obra y, de forma especial, el ya citado discurso “La Literatura de la Prensa”, donde glosa las vicisitudes del gremio periodístico y su consideración social.

“Lo que sí le piden todos es una perfección que no está en su organismo espiritual ni moral. Se le pide que sea mejor que nadie; y más sabio, y más sutil, y más desligado de los intereses que todo el mundo. Y opinión pronta y justa en todas las cosas; y que viviendo de la masa, es decir, según la frase de San Agustín, en el imperio de la fuerza brutal y del instinto desencadenados, conserve la serenidad y pese en balanza y corte a medida el pan cuotidiano que expende en las calles y que distribuye a domicilio”.

Fernanflor no fue solamente un periodista o un escritor: fue un innovador que entendió los periódicos como un medio de publicación de cualquier obra literaria, y que defendió, ante la Real Academia, la dignidad y el buen hacer del periodista. Del periodista formado, que con sus palabras puede “hacer mucho mal o mucho bien, extraviando a la muchedumbre o señalándolo el buen camino”:

El periodista suele llegar al trabajo sin el estudio de los autores antiguos; tiene tiempo de ir formándose y nutriéndose; pero yo digo que si ha llegado sin el maletín de cuero, cosido en arabescos, del siglo de oro, podrá entrar en las Cámaras y en los Ministerios, no en las tertulias de los sabios en letras.

Fernanflor, por Krahn

El retrato de Fernanflor que se expone en la galería del Congreso dedicada de retratos de los cronistas parlamentarios es obra de Fernando Krahn.

Chileno de nacimiento, pero español de adopción, Fernando Krahn vivió más de 30 años en Sitges. Se forjó como humorista gráfico al abrigo de su padre que, además de abogado, era un buen caricaturista. Su obra el dibujo humorístico con el de autor-ilustrador de libros infantiles.

Durante una época ejerció en su país como escenógrafo teatral y colaboró con periódicos y revistas de todo el mundo como Herald Tribune en Estados Unidos, La Vanguardia y El País en España, Die Zeit y Stern en Alemania o La República en Italia. Falleció en Sitges en 2010.

 

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